ARTICULADAMENTE - Entrevista a Gina Vargas
COTIDIANO Nº21

¿Qué llevó el movimiento de mujeres a Beijing?

Llevamos muchas cosas a Beijing: una experiencia de más de 20 años del Movimiento en cada país y de cerca de 15 años de articulación regional: los encuentros feministas latinocaribeños comenzaron en 1981 y el próximo año se realizará el VII Encuentro Latinoamericano y Caribeño en Chile. Llevamos una Región articulada desde lo local hasta lo nacional y regional. Llevamos la riqueza de una diversidad compleja y difícil pero de alguna forma también en proceso de articulación; en el proceso mismo de preparación hacia Beijing surgieron vertientes nuevas, en formación, como las étnicas, que con sus propuestas y exigencias de visibilidad y reconocimiento, a todas luces enriquecedor de la dinámica internacional, permearon no sólo las propuestas y discursos de la Región, sino también los discursos de solidaridad global. Llevamos excelentes expertas, profesionales, activistas, que nutrieron los procesos globales. Llevamos un trabajo sostenido de negociación, diálogo, lobby con la mayoría de los gobiernos de la Región. Llevamos una característica particular o «ventaja relativa», que a pesar de haber tenido menor número de participantes (no más de 2.000 de las 30.000 mujeres del Foro y quizá no más de 300 en la Conferencia), fuimos por un lado la Región más articulada y fuimos además una pieza dialogante y de conexión entre el sur y el norte, entre espacios, redes, regiones y/o posiciones, vividos momentos como opuestos y contradictorios.

Nos acercaba a unas nuestro énfasis en ajuste estructural y pobreza que fue uno de los ejes básicos de análisis, acción, denuncia y confrontación de la Región. Nos acercaba a otras, nuestro énfasis en la autonomía del movimiento y la radicalidad dialogante de nuestras propuestas. Logramos, gracias al trabajo previo de lobby y a las feministas de las delegaciones oficiales, que muchos gobiernos de la Región asumieran estos mismos énfasis y lucharan por ellos durante la Conferencia: especialmente en relación a los derechos reproductivos y sexuales pues se dio una permanente falta de consenso en el G77 cuando se trataba de estos derechos, a pesar de las posibles coincidencias en cuanto a pobreza y ajuste estructural. Ahora bien, muchos de estos aportes de la Región fueron también permanentes descubrimientos y aprendizajes, antes de Beijing y en Beijing mismo, en el Foro y en la Conferencia, porque eran ganancias que se iban perfilando a medida que descubríamos nuestras realidades como Región e íbamos ganando en articulación y en capacidad de propuesta y negociación, nos íbamos, "apoderando" del proceso hacia Beijing. Es decir, llevamos también una enorme capacidad de aprendizaje y eso nos permitió avanzar y aportar al movimiento global.

¿Cuáles fueron las estrategias, ganancias y pérdidas en Beijing para el movimiento de mujeres latinas y caribeñas ?

Tuvimos múltiples estrategias orientadas hacia diferentes espacios y niveles. Estrategias hacia el movimiento mismo, discutiendo y afinando nuestras propuestas, ampliando estas mis mas propuestas y los contornos y límites del movimiento con las diversidades que se hacían presentes y reclamaban visibilidad. Desarrollamos estrategias con y hacia las redes globales, tratando de facilitar las coordinaciones y articulaciones internacionales para aumentar nuestra capacidad de lobby y nuestra efectividad. Desarrollamos estrategias hacia otros movimientos (la expresión más clara de esta estrategia se dio a través, por ejemplo, de las redes temáticas que aportaban en los espacios de las otras Cumbres y Conferencias, al mismo tiempo que traían al movimiento de mujeres y a la agenda de Beijing lo que allí se avanzaba); hacia la sociedad civil, buscando alianzas con otros movimientos de derechos humanos democráticos, como Amnistía Internacional. Tuvimos estrategias diversas frente a los gobiernos, negociando y haciendo presión política, poniéndonos de acuerdo en puntos específicos sin pretender negociar la agenda global del movimiento. Hicimos alianza con las mujeres más sensibles de los gobiernos. Lanzamos estrategias exitosas hacia otras iglesias más democráticas que la católica para quebrar la hegemonía del Vaticano en este espacio de Naciones Unidas, y por supuesto, desarrollamos una estrategia permanente para evidenciar cómo las fuerzas conservadoras, lideradas en nuestra Región por la jerarquía eclesiástica, trabajaban en contra de los intereses de las mujeres. Hicimos alianzas con las feministas de las agencias de financiamiento y del sistema de NNUU para lograr más fuerza y a través de ella movernos más fluídamente en este espacio tan burocrático, codificado y tan nuevo para nosotras como movimiento. Y ganamos mucho. Ganamos en cada una de estas estrategias, una enorme amplitud de visión política y un mayor campo de maniobra como movimiento; ganamos en cohesión y fuerza, en visibilidad, en articulación de la diversidad, en superación de fragmentaciones, localismos, nacionalismos y regionalismos reduccionistas. Ganamos en conciencia de solidaridad global entre mujeres. Ganamos en experiencia de cómo construir un movimiento global, en saber que nuestra Región no puede pensarse solo en si misma, sino asumiendo que desde nuestra pequeña globalidad y desde cualquiera de los países que la integran, somos parte de una realidad mucho más amplia y compleja; que somos parte de la aldea global y que por lo tanto sólo articulándonos a nivel de los movimiento sociales y de las sociedades civiles regionales y globales podremos confrontar los aspectos negativos de la globalización y dar las bases para una real integración regional y global.

Hemos abierto también puertas hacia logros futuros, como en el caso de los derechos sexuales, incluyendo la libre opción sexual. La presencia de una feminista lesbiana, sudafricana negra en la plenaria de los gobiernos, demandando el derecho a la elección sexual e instando a los gobiernos a que la asuman, fue uno de los momentos más impactantes y subversivos de toda la Conferencia. ¿Qué perdimos?... Muchísimas horas de sueño y de descanso. Perdimos al no lograr propuestas claras en relación a una nueva división internacional del trabajo, a una nueva orientación de las fuerzas económicas, al no lograr mecanismos ni recursos claros para implementar la Plataforma de Acción, y eso es grave, y eso perfila una de las tareas fundamentales del Post-Beijing: exigir a nuestros gobiernos una reorientación en los presupuestos nacionales, no sólo para lograr porcentajes destinados a las necesidades e intereses de las mujeres, sino también para lograr que las perspectivas de género, étnico-racial y generacional estén presentes en todo el gasto social, que se reduzcan los gastos militares, haciéndonos eco además de algunos de los cambios significativos que nos trae la globalización, como por ejemplo, debilitar los límites y los contenidos de los Estados-Nación.

Ahora que el movimiento de mujeres ha decidido entrar en la política de diálogo y el trabajo con los gobiernos y las Instituciones Financieras Internacionales (IFls), ¿qué riesgos y retos hay para la unidad del movimiento?

En cuanto a las agencias de financiamiento, la experiencia de Beijing ha sido ambivalente. Por un lado, se ha logrado una especie de complicidad entre agencias y movimiento de ONGs y/ coordinación de Beijing que ha sido enormemente útil tanto a nivel de fondos como a nivel de orientación sobre dónde y cómo conseguirlos, así como nivel de coordinación de acciones.

A nivel de recursos económicos, sin ese apoyo no habríamos podido hacer todo lo que hicimos. Pero se estableció una relación que iba más allá. En el caso de UNIFEM en este sentido es Interesante, pues a pesar de que estaba pasando por una situación económica difícil, siempre estuvo presente, apoyando a los equipos regionales, dándoles orientación o, cuando no le era factible, buscando conjuntamente posibilidades de financiamiento. Igualmente con muchas de las agencias europeas -especialmente aquellas donde había mujeres feministas -, quienes en diferentes momentos asumieron las urgencias no contempladas inicialmente, porque en un proceso como el de Beijing no se pudo planificar sino a grandes rasgos, y se fue concretando a medida que la dinámica iba cobrando cuerpo, articulando otras realidades y trayendo nuevas exigencias. Hubo también experiencias más difíciles, donde tuvimos que negociar a partir de términos de referencia o mandatos y prioridades institucionales que no conocíamos a cabalidad y para los cuales no siempre manejábamos los procedimientos adecuados. Lo que en suma rescato y reclamo de cualquier relación entre ONGs y financieras es que sea entre pares, entre iguales, ya sea que tengan intereses similares y/o capacidad de negociar, de igual a igual, intereses diferentes cuando estos se den. Es indudable que existe en todo esto un juego de poder: el de los que tienen el dinero, que es el que siempre ha primado, y lo que queremos es que se ponga en la misma balanza el dinero que se necesita para empoderar a las mujeres y el proceso mismo de empoderamiento, que es el que corresponde a las ONGs , en este caso, a la Coordinación Regional, a las Sub-regiones, a las redes, etc. Es fundamental también que las agencias de financiamiento inicien un proceso de coordinación y articulación de intereses y acciones de intervención. Un proceso como el de Beijing se tuvo que negociar quizá a través de un consorcio, con todas las partes interesadas, discutiendo y planificando coordinadamente dónde podía ser más estratégico orientar los fondos, o cómo los mandatos específicos de cada agencia podían cumplirse y a la vez servir para potenciar y articular el proceso y no para ahondar las fragmentaciones.

Fragmento de la entrevista que le hiciera Eugenia Piza a Gina Vargas en Lima el 16 de Octubre de 1995.