NUBOSIDAD VARIABLE
COTIDIANO Nº23


El feminismo latinoamericano se ha desarrollado en medio de la tensión entre la utopía transformadora y los procesos concretos de organización de las mujeres.

En las luchas antidictatoriales el feminismo le formuló a las nuevas democracias desafíos ineludibles, colocando en el escenario público temas secretos y vergonzosos como el aborto, los golpes del marido y el sexo entre las mujeres.

Fue un movimiento de intelectuales y políticas de sectores medios que, con tensiones y desencuentros, fue abriendo su espectro de inserción. La diversidad tuvo cara y color y durante años se discutió y (aún se discute) quién es o no es feminista. Estuvo y está en cuestión, la identidad de un movimiento que se expande y transforma.

La relación entre movimiento feminista y movimiento de mujeres ha ocupado largas horas de debate y no pocos dolores y desencuentros. Sin embargo, una propuesta política se valida cuando convoca a un espectro muy amplio, cuando moviliza y pone en juego ese deseo intuitivo de las mujeres de acercarse a la construcción de su propia identidad, de su autonomía como persona.

Una de los aspectos interesantes y peculiares que ha tenido en estos 20 años el feminismo en América Latina, es precisamente el haber alimentado con sus búsquedas y reflexiones al movimiento amplio de mujeres. Ningún movimiento político es espontáneo, ningún movimiento político puede tener éxito si no acumula saberes; ningún movimiento político ni social, tan profundamente cuestionador como el movimiento de mujeres, puede perdurar sólo con voluntad.

La voluntad es una parte del deseo, pero el deseo moviliza también intelectos, creación cultural y teórica; y en ese sentido lo que hemos acumulado en conocimiento, es una herramienta para el trabajo político y el protagonismo de las mujeres. El conocimiento, en tanto experiencia colectiva no se adquiere en los laboratorios, requiere de la práctica política de las mujeres y ésta se da desde una multiplicidad de espacios de organización.

Las mujeres se organizan por una diversidad de motivos y aún cuando muchos espacios que ocupan surgen como prolongación de su rol mas tradicional, la presencia en espacios públicos, desarrolla procesos de cambio fundamentales. Lo interesante, en este momento, es la posibilidad de construir una agenda política pública que posibilite el encuentro de los diferentes procesos y espacios de organización. Colocar en la agenda pública los derechos sexuales y reproductivos, la violencia doméstica, la exigencia y control de los compromisos asumidos por los estados, potencia los procesos de autonomía de las mujeres tanto individuales como colectivos, posibilitando el ejercicio de sus derechos. De este deseo de participación, de esa nueva agenda que a la vez crea y desarrolla el protagonismo político de las mujeres surge un movimiento plural, muy amplio, muy diverso. El trabajo político desarrollado por la articulación feminista en América Latina y el Caribe, en torno a la convocatoria de la IV Conferencia posibilitó jugar nuestras experiencias y saberes en la construcción de una agenda de interlocución e interpelación con los estados y las sociedades. La propuesta política feminista es válida en la medida en que puede intervenir en las relaciones sociales de hombres y mujeres, en las relaciones de poder, en el ejercicio de derechos ciudadanos frente a los estados; y esa es la fuerza que tiene como propuesta política.

Es necesario, entonces, repensar la autonomía partiendo de la ambigüedad con la que nuestra práctica política ha construido este concepto.

La consolidación de espacios de organización autónomos del estado, del sistema político, de la Iglesia, fue un elemento constitutivo del movimiento feminista y posibilitó el desarrollo de un pensamiento y una práctica política inédita. Sin embargo, muchas veces en este proceso, los espacios de autonomía se convirtieron en espacios defensivos y aislados, incapaces de interactuar con otros, perdiendo de alguna forma su potencialidad transformadora.

La autonomía como práctica no se puede reducir, como plantean Meynen y Vargas, a un sólo espacio, ni a un tipo de organización, ni a una demanda específica. "La autonomía es un proceso humano y político que contiene una visión estratégica de futuro."

La autonomía se pone en juego cuando es capaz de relacionarse con los sistemas de poder. Porque la autonomía se ejerce y no es una condición absoluta y eterna. Se ejerce autonomía cuando fortalecemos nuestra capacidad propositiva, de negociación y de control.

Desde este lugar de control estaremos en mejores condiciones de interpelar a los Estados, de interpelarles desde nuestra autonomía. Como ciudadanas queremos tener acceso a la información del Estado, como ciudadanas queremos interpelar a cada ministro. Y es el ejercicio de ciudadanía y de control ciudadano es el camino para fortalecer y ampliar los espacios de poder. En nuestras sociedades no sólo somos la mujeres las que no ejercemos nuestro derechos.

Tal vez tengamos en este momento la posibilidad, de ampliar nuestros espacios de alianzas desde estas experiencias de control ciudadano, con otros movimientos y otros actores sociales.

Las formas de organización de un movimiento hacen a sus objetivos, hacen a las posibilidades de construir, de ampliar, de hacer alianzas, de negociar.

La construcción de un espacio democrático entre las mujeres, dentro de¡ movimiento de mujeres y dentro del movimiento feminista es, hoy por hoy, uno de los desafíos más interesantes, el de construir relaciones democráticas de respeto, de tolerancia, de aceptación de la diferencia.

¿ Cómo construimos democracia? El trabajo sobre las herramientas organizativas, los criterios de representación, la elección de los liderazgos, aparece como un tema fundamental para cualquier movimiento político que quiera perdurar y no ser sólo un movimiento emergente de una situación de crisis.

Nuestra experiencia política y formas de organización surgen del cuestionamiento a otras formas de organización y liderazgo, y otras estructuras. En la horizontalidad y en los espacios sin jerarquías se expresó la respuesta y la búsqueda de nuevas formas participativas y humanas para la participación social y política. Sin embargo, desde hace mucho, hemos aprendido que la horizontalidad no es mas democrática, muchas veces es despótica y paralizante, en la medida en que perdemos el derecho de ser personas, individuas diferenciadas unas de las otras.

Todas tenemos experiencias muy dolorosas en la construcción de¡ movimiento, de rupturas y separaciones, de procesamientos subjetivos y personales de las diferencias. Esas experiencias dolorosas son parte de nuestra experiencia política y nos desafían a la búsqueda de herramientas que nos permitan articulaciones mas flexibles, mas amplias, articulaciones que a su vez encuentren mecanismos de representatividad, de acuerdos y pactos, de reglas mas democráticas donde las capacidades individuales se potencien en el grupo.

Construir una agenda nacional implica priorizar y permite articulaciones amplias y flexibles. No podemos seguir pensando las alianzas como una reunión en torno a una mesa sino como articulación en torno a una agenda, donde no hay necesariamente una única instancia organizativa.

Los movimientos de demandas concretas expresan diversas estrategias de participación desde las mujeres. Lo importante es que esas demandas concretas se potencien en torno a una agenda política. Esto permite un mayor impacto público y por tanto multiplica el efecto de miles de acciones pequeñas que realizamos las mujeres en distintos ámbitos. La agenda feminista para negociar la implementación de la Plataforma es un instrumento, una herramienta para construir, a partir de ese deseo de participación de las mujeres, una presencia más activa, más sólida, más permanente, en el escenario político de cada uno de nuestros países.

Así como la Conferencia de Bejing nos colocó en el escenario internacional y en el escenario mundial, y esa visibilización fortaleció el deseo de protagonismo del mas amplio espectro de mujeres, hoy el desafío es volver a lo nacional y a partir de lo nacional construir movimientos de ejercicio de ciudadanía de las mujeres. La convocatoria a realizar el seguimiento de los compromisos es una práctica política de democracia, de ejercicio y ampliación de los derechos civiles y políticos.

Crear un Indice de los Compromisos Cumplidos puede ser la bandera que cada año levantemos para que los Estados se sientan interpelados, para que las Conferencias Internacionales se conviertan en una herramienta de las mujeres y no sólo una herramienta de los otros.

Esto implica asumir varios desafíos ampliar los movimientos de mujeres construir criterios de representatividad que garanticen la consolidación de liderazgos, profundizar las agendas y los contenidos culturales de las propuestas feministas.

La radicalidad de la propuesta feminista no es sólo un discurso y el desafío es cómo se inserta en el mas amplio espectro de mujeres organizadas.

Para no colocarnos desde el no poder, debemos ser capaces de percibir y festejar nuestros logros, nuestras alianzas y pactos. Debemos dejar de estar a la defensiva usando nuestras energías para impedir que nos coopten y usarlas para construir más poder, más tolerancia y más democracia.

Lilián Celiberti