EL LENGUAJE DE UNA IDENTIDAD DIFERENTE

COTIDIANO Nº 1

 

Repetidas veces, en mi trabajo profesional como periodista me he encontrado en la situación de que personas entrevistadas o a quienes yo recurría en busca de un dato, me terminaran diciendo más de lo que inicialmente se habían propuesto o incluso algo que específicamente no querían informar y a modo de explicación concluyeran: "no sé por qué lo dije, tal vez porque sos mujer".
 

Ese fue el caso, último en fecha, de alguien muy cercano a la familia de Andrea D’Alessio, la joven de 19 años que fue llevada a Italia junto a una amiga y luego devuelta en un operativo poco claro, en el que no sólo el Jefe de Policía de Montevideo aceptó haber utilizado "métodos no ortodoxos", sino en el que - sobre todo- la sucesión de los hechos dejan enormes lagunas que hasta el presente nadie ha querido explicar.
 

La investigación que realicé junto a un colega hombre, tuvo ese punto de partida: por ser mujer, se me contaron cosas que a otros periodistas no se les había contado.
 

La significación de ese ser mujer a ojos de un entrevistado - que podría ilustrar con casos en los que la persona era hombre e incluso político -, me ha planteado siempre un campo inmenso de interrogantes, aunque no siempre he llegado a respuestas satisfactorias, y me ha parecido una de las puntas dignas de ser pensadas y analizadas colectivamente para ir encontrando otra forma de relación entre las mujeres y los medios de comunicación, y entre las mujeres periodistas y su propio trabajo.
 

Intuyo -y lo planteo así porque no estoy segura - que para mis interlocutores el ser mujer es sinónimo de alguna garantía que les posibilita la confianza. No sólo garantía de que será respetada la voluntad de anonimato - cuando esa es la condición- sino también garantía de que el manejo de la información será respetuoso de su forma de sentir. Y eso creo que nos plantea el tema de la "imagen" que la mujer tiene, a grandes rasgos, ante la sociedad. ¿Somos más confiables, más respetuosas, más aptas para entender los claroscuros de la afectividad?
 

Alguien me podría contestar, y por eso me anticipo, que ese ser mujer sin duda no es el de Margaret Thatcher, y en el otro extremo, con todos mis respetos, tampoco el de Julita Möller. Sin duda. Porque uno de los problemas, creo, de la especificidad de género, es que ancestralmente se nos han inculcado los estereotipos: la femineidad vacía de "sé bella y cállate" o el desafío de "sé como un hombre y pelea". Por eso es tan ardua la búsqueda del verdadero "ser mujer", tan confusa y tan incierta.
 

Aunque algunas compañeras feministas me han reprochado más de una vez, que en mi labor profesional no siempre traduzco mi condición de mujer, cierto es que permanentemente me interrogo al respecto y que muchas veces he pensado que una reflexión colectiva de periodistas mujeres, sin duda sería más fructífera que el monólogo para encontrar respuestas adecuadas.
 

Escribir para las mujeres no es escribir "sobre la mujer", porque todos los temas de la vida tienen que ver con la vida de la mujer. Creo que escribir para la mujer es encontrar la forma y el lenguaje de una identidad diferente, pero confieso que no siempre la veo con claridad. Si un interlocutor cualquiera es capaz de modificar su comportamiento porque el periodista que tiene enfrente es una periodista,

-y esto más allá de quién sea esa periodista como persona- entonces la simbología del género está cargada de significaciones que es necesario descubrir cuidadosamente, saber aquilatar sin facilismos ni extremismos, porque en ello está encerrada una potencial riqueza que en el juego de estímulo-respuesta puede ir clarificándonos el camino profesional a las mujeres periodistas y dándonos las pautas de esa identidad diferente. Porque escribir como hombres es hacernos permanentemente la violencia de la insatisfacción.

Sin duda, un mundo sin roles establecidos culturalmente tendrá un campo común hombre-mujer, un espacio para los seres humanos en el que no importarán las diferencias de género. Pero para llegar a ello es necesario reconocer primero las diferencias. Por eso es importante preguntarnos qué es escribir para la mujer y qué es escribir como mujer.

Maria Urruzola