Niki
Johnson
Yo
quería reflexionar sobre esta Iniciativa 50/50 desde
la teoría feminista sobre la representación y
representatividad de la democracia, y tratar de relacionar estos
debates con el caso empírico del Uruguay.
Esta
iniciativa se puede clasificar como una demanda de representación
descriptiva. Voy a tratar de explicar qué quiero decir
con esto. La representación descriptiva implica que los
y las representantes reflejen la composición social del
electorado. Por lo tanto, no tiene nada que ver con la representación
ideológica que actualmente es el criterio básico
de la representación en la mayoría de las democracias
liberales, y que implica que los o las representantes actúan
por colectividades construidas en torno a una serie de ideas
políticas compartidas, es decir, los partidos políticos.
En
el caso específico de esta Iniciativa 50/50, la representación
descriptiva que se reclama refiere a la integración de
los cargos de desición dentro del Estado y que esos cargos
reflejen la composición por sexo de la población
uruguaya.
En
base a qué argumento normativo podemos sustentar esta
demanda de representación descriptiva. ¿Vamos
a argumentar que solamente las mujeres pueden representar a
las mujeres? No, me parece que eso sería un grave error,
no solo porque carece de validez intelectual sino que también
es poco estratégico. Entonces, ¿en qué
términos se puede fundamentar una demanda de representación
descriptiva como se hace con esta iniciativa?
Yo
voy a tomar como punto de partida para mis reflexiones el trabajo
de una teórica feminista norteamericana - Jane Mansbridge
(2001) - que para mí desarrolla la argumentación
no esencialista a favor de la representación descriptiva
más coherente y más convincente que he leído.
Espero poder traducirlo en términos entendibles para
ustedes para reflexionar sobre esta iniciativa en concreto.
El
concepto de la representación es central tanto a la teoría
como a la práctica democrática, y dentro del concepto
de la democracia, la democracia tiene dos funciones básicas
que hacen a su representatividad. La primera es la función
de deliberación. El objetivo de la deliberación
es que estén representadas todas las perspectivas que
puedan aportar información y comprensión de los
temas en la agenda pública. Es decir, que todas las perspectivas
que puedan estar dentro de una sociedad estén representadas
en la deliberación de esos temas. La otra función
básica de la democracia es la de agregación, que
tiene como meta el representar proporcionalmente a todos los
intereses que puedan estar en conflicto en torno a esos temas.
Obviamente
que estas dos metas son inalcanzables para la democracia real
porque los procesos tanto de deliberación como de agregación
son marcados o sesgados por las relaciones de poder que existen
dentro de la sociedad. Como ha señalado la teórica
inglesa Anne Phillips (1996), si las relaciones de poder no
tuvieran ninguna incidencia en el sistema democrático
se podría esperar que las características descriptivas
o sociales de las personas que ocupan cargos electivos o de
decisión política reflejaran más o menos
fielmente las características sociales de la población
en su conjunto. Es decir, si no hubiera un sesgo generado por
las relaciones desiguales de poder presentes en la sociedad,
los órganos de decisión se compondrían
de hombres y mujeres en proporciones más o menos iguales.
Obviamente que esto no es el caso en el mundo real - no necesito
repetir las cifras de participación política de
las mujeres a nivel mundial o nacional para ilustrar la brecha,
son datos por demás conocidos.
La
representación ideológica que forma el criterio
básico de la representación en el sistema democrático
uruguayo, adjudica un papel de objetividad y de neutralidad
absoluta a los y las representantes con respecto primero, a
no dejar que sus intereses personales interfieran con su actuación
política y, por otro lado, a tomar en cuenta todos los
intereses de los grupos sociales que conforman la sociedad.
Ése es el ideal de la representación ideológica,
pero es muy cuestionable que esa capacidad neutral realmente
exista en un contexto de una sociedad organizada en base a relaciones
históricas de subordinación y dominación,
como son las relaciones de género que generan discriminaciones
y desigualdades. Estas relaciones históricas de poder
generan, por un lado, una actitud de ignorancia, de negligencia
o hasta de deliberada exclusión de parte del grupo dominante,
y por el otro lado genera una actitud de desconfianza por parte
del grupo subordinado.
¿Qué
implica eso para la representatividad? Si los representantes
- y uso "los" a propósito - provienen exclusiva
o mayoritariamente del grupo dominante y los/las subordinados/as
se concentran entre los/las representados/as entonces se da
lugar a lo que Mansbridge llama la "desconfianza comunicacional".
Es decir, existe una falta de confianza en la comunicación
entre los intereses y las perspectivas que surgen desde la sociedad
hacia los que supuestamente deberían incorporar y representar
esas perspectivas y esos intereses en la agenda pública.
Y eso evidentemente impacta negativamente en la representatividad
de una democracia.
La
representación descriptiva, entonces, puede facilitar
esa comunicación entre representados/as y representantes.
En el marco conceptual de la representación descriptiva,
esa comunicación más fluida entre esos dos grupos
surge del hecho de compartir vivencias o códigos generados
por la experiencia común de la subordinación.
Hay
ejemplos concretos que dan cuenta de esto. En EEUU es más
común que el electorado afrodescendiente pida audiencia
con su representante en circunscripciones donde ese representante
también es de ascendencia africana. Además, hay
estudios que comprueban la tendencia entre el electorado negro
- si el legislador de su circunscripción correspondiente
no es negro - de preferir comunicarse con un legislador de otra
circunscripción si ése sí lo es. Ahí
se ve en la práctica cómo funciona esa idea de
la representación descriptiva. También se vio
acá en el parlamento uruguayo con la bancada femenina,
adonde las mujeres llegaban a plantear sus inquietudes. Las
mujeres del interior, que tienen sus propios representantes
por sus departamentos, no iban a hablar con ellos, sino con
la bancada femenina.
¿Qué
implica esta conceptualización de la representación
descriptiva para esta Iniciativa 50/50 respecto de la integración
del Estado?
Como
sabemos, el Estado no es una entidad monolítica, unívoca,
unitaria, sino multidimensional. Es una serie de instituciones,
de prácticas, de discursos, de relaciones, de personas.
Tampoco se puede suponer que exista una relación dada,
fija, entre el Estado y las relaciones de género dentro
de la sociedad. Más bien esa relación se debe
conceptualizar como algo dinámico y dialéctico.
El Estado como aparato de regulación social tiene un
papel central en construir, perpetuar y transformar las relaciones
- y también las desigualdades - de género a través
de las políticas públicas, la legislación,
los discursos. A la vez, esas relaciones y desigualdades de
género se reflejan en y constituyen activamente el aparato
estatal. Es una relación de ida y vuelta. Y esas relaciones
y desigualdades que se ven reflejadas en el Estado se dan sobre
todo porque el Estado tiene ese lado humano - las personas que
lo integran.
Por
otro lado, el análisis feminista (por ejemplo, Franzway,
Court y Connell 1989) ha mostrado que mientras que las estructuras
organizativas del Estado cambian en el tiempo, tienden a seguir
reproduciendo la división sexual del trabajo y promoviendo
un modelo masculinizado de la autoridad. Esto impacta no sólo
en la integración por sexo del Estado sino en el contenido
y enfoque de la agenda pública. Una cosa que Line ya
mencionó, es que desde 1987 en este país existe
un organismo estatal rector en materia de políticas de
género, que es el Instituto Nacional de la Familia y
la Mujer (INFM). Pero no podemos hablar de una institucionalidad
de género y muchos menos de una transversalización
de género en las políticas públicas. De
hecho, los temas de género no están cristalizados
en la agenda pública.
Volviendo
a ese concepto de la desconfianza comunicacional, es pertinente
preguntar quiénes son los actores responsables de las
políticas públicas, y la respuesta - como dijo
Lilián - es que son hombres, o por lo menos mayoritariamente
son hombres. Entonces, en ese contexto también la representación
descriptiva cobra importancia. La Iniciativa 50/50 apunta a
todos los cargos del Estado, no al fortalecimiento del INFM.
A
nivel teórico, el proceso de deliberación (que
si estamos hablando del Estado y de las políticas públicas,
refiere al proceso de definición, diseño y elaboración
de esas políticas) no necesariamente requiere de una
participación de representantes con perspectivas relevantes
en proporción a su presencia en la población,
porque lo que importa es la incorporación de la información
y de las perspectivas relevantes, y no la cantidad de personas
que proporcionan esos datos. Pero en la práctica, un
grupo subordinado en un contexto histórico de desigualdad
sí precisa de la representación completa otorgada
por la proporcionalidad para lograr dos cosas.
Primero,
una masa crítica. La masa crítica es necesaria
por dos razones. Por un lado, para que no se de ese temor de
sentirse "una voz clamando en el desierto" - yo soy
una sola persona, con una agenda que nadie quiere escuchar,
no tengo a mi alrededor a nadie que me respalde, entonces sería
mejor callarme. Por otro lado, la masa crítica tiene
una parte importante en convencer a los otros que la perspectiva
que se está promocionando es ampliamente compartida dentro
de la sociedad. Esto es algo que también hemos visto
en el caso uruguayo con la bancada femenina. La conformación
de la bancada femenina no sólo juntó a las legisladoras
ya comprometidas con los temas de género, que valoraban
la oportunidad de construir un perfil colectivo público,
sino también a todas las otras diputadas y senadoras,
que en legislaturas anteriores no habían jerarquizado
el tema género en su trabajo parlamentario. Entonces
hay como un efecto de arrastre, o de solidaridad de género.
Y el caso de la bancada femenina es notable por el hecho que
las parlamentarias no constituyeran un 30-40% - el porcentaje
que Drude Dahlerup (1984) considera necesaria para la concreción
de una masa crítica - sino apenas un 12%, pero de todas
maneras pudieron generar, en cierta medida, una masa crítica
en ese espacio.
La
otra razón por la que es importante que un grupo subordinado
tenga una representación proporcional es por el tema
de la difusión de la influencia. Ya que el Estado es
una serie de espacios que son independientes en cierta medida,
pero también interconectados, el tener una cantidad suficiente
de representantes en todos los espacios relevantes permite influir
en las decisiones dondequiera que la incorporación de
la perspectiva de género mejoraría la calidad
de las políticas públicas. Esto ha sido uno de
los factores clave en el fracaso del INFM - el no tener en los
otros espacios del Estado interlocutores comprometidos con los
temas de género, haciendo así muy difícil
la tarea de permear las otras estructuras e integrar una política
de género de Estado a nivel de los ministerios.
Para
terminar, quisiera reflexionar un poco sobre esta iniciativa
como estrategia, comparándola con lo que ha sido la estrategia,
hasta ahora, de promover la cuota electoral para el Poder Legislativo.
Al
centrarse en el Poder Ejecutivo hay varias cosas a tener en
cuenta. Primero, son más cargos - más de 2.000,
en vez de los 700 y pico de cargos legislativos a nivel nacional
y departamental. En segundo lugar, son cargos ejecutivos. Es
decir que inciden directamente en la elaboración e implementación
de las políticas públicas. Aquí no existe
el mismo problema, que todos conocemos que sí pasa en
el Parlamento, donde se aprueban leyes que después no
se implementan. Como el caso de la Ley 16.045, de igualdad de
oportunidades y trato en el trabajo, que fue aprobada en 1987
y recién en 1996 se reglamentó. Y el último
aspecto de esta propuesta es lo que ya señaló
Line: son cargos designados directamente por el Poder Ejecutivo,
en realidad por el Presidente. Que los ocupen hombres o mujeres,
entonces, pasa solamente por la voluntad política. El
problema es que es justamente la voluntad política lo
que, hasta ahora, está faltando.
Referencias:
Dahlerup, Drude (1984). "Overcoming the barriers".
En Judith H. Steim (comp.), Women's Views of the Political World
of Men. Nueva York: Transnational Publishers
Franzway, Suzanne, Diane Court y R W Connell (1989). Staking
a Claim: Feminism, Bureaucracy and the State. Cambridge: Polity
Press.
Mansbridge, Jane (2001). "The descriptive political representation
of gender: An anti-essentialist argument". En Jytte Klausen
y Charles S Maier, Has Liberalism Failed Women? Assuring Equal
Representation in Europe and the United States. Nueva York:
Palgrave.
Phillips, Anne (1996). Género y Teoría Democrática.
México: UNAM.