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SEMINARIO
Género y Espacio Urbano
“Construyendo ciudades democráticas”
3
de Octubre de 2005
Día Mundial del Hábitat
Salón Rojo, Piso 1 y ½ IMM
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DÍA
DEL HÁBITAT:
ALGUNOS ASUNTOS PENDIENTES
Montevideo
3 de octubre de 2005
Liliana Rainero
Nos convoca la celebración del Día Mundial del Hábitat,
bajo el lema de Naciones Unidas "La Ciudad y los Objetivos del
Milenio". Las metas del milenio son un referente, indicativo fundamentalmente,
de los límites de nuestras sociedades, para alcanzar lo que socialmente
se ha consensuado como el derecho a la ciudad como un derecho humano,
en un contexto de urbanización acelerada del mundo, del cual
participan también los países de América Latina
donde más del 80% de su población vive actualmente en
áreas urbanas.
Las profundas inequidades sociales que se expresan en las diferentes
condiciones de vida en el territorio de las áreas urbanas y rurales
de nuestros países, sabemos que no es ajena a un sistema económico
cuya lógica intrínseca es la obtención de mayores
beneficios. Por el contrario, dicho sistema constituye la base que sustenta
las condiciones de pobreza e indigencia de grandes sectores de la población
mundial y de los países de la región en particular.
En
este sentido, una crítica sustantiva a los Objetivos y Metas
del Milenio que se proponen reducir la pobreza, es sin duda el hecho
que la estructura económica mundial que origina las enormes desigualdades
e inequidades entre países ricos y pobres, entre regiones y distintos
sectores sociales de un mismo país no es cuestionada: las injustas
reglas de comercio internacional, la falta de control de los capitales,
la concentración de poder de las instituciones financieras.
El
objetivo ocho (8), central para el cumplimiento de los demás
objetivos, porque propone una alianza global para el desarrollo, las
metas e indicadores establecidos para el mismo focalizan en lo que deben
hacer los países más pobres para alcanzar las metas del
milenio, pero no hace referencia a la responsabilidad de los actores
globales más importantes. Éste es sin duda un punto central
en el debate a la hora de pensar la viabilidad cierta del cumplimiento
de los objetivos, entre los que se encuentra el desarrollo sustentable
y reducir la población mundial que vive en asentamientos precarios,
sin acceso a servicios básicos.
Este
es el contexto dentro del cual nuestros países deben asumir el
desafío de hacer efectivo el derecho a la ciudad de todos los
ciudadanos y ciudadanas sin exclusión. Desde esta perspectiva
crítica podemos abordar, no obstante, las metas del milenio como
una herramienta más para exigir la distribución equitativa
del presupuesto en el territorio de nuestras ciudades que garantice
el acceso a condiciones de vida dignas para el conjunto de la ciudadanía.
La
mayoría de los países de la región reconocen el
derecho a la vivienda como un derecho humano de todos los ciudadanos
y ciudadanas. Este derecho reconocido ya en 1948 en la Declaración
Universal de Derechos Humanos (1948) fue ratificado por el Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, (PIDESC) que refiere
al derecho a la "vivienda adecuada", como parte del derecho
a una "vida adecuada". Esto implica un concepto no restrictivo
de vivienda, (es decir no limitada a "un techo") y en este
sentido es importante el reconocimiento explícito de que el derecho
a la vivienda implica simultáneamente el derecho a un entorno
que garantice accesibilidad al trabajo, a la educación, a la
cultura, a la recreación, a la información, a la seguridad,
a todos los servicios de que dispone cada sociedad según su grado
de desarrollo.
Sin duda que este reconocimiento es un avance y un logro de la ciudadanía
mundial, en primer lugar porque asigna a los Derechos Económicos
Sociales y Culturales, el status de los derechos políticos y
civiles y al mismo tiempo deja explícito el compromiso de los
Estados nacionales ante sus respectivas sociedades y sus pares internacionales
para efectivizar dichos derechos. En este sentido, los gobiernos de
las ciudades son responsables de las inversiones que realizan en el
territorio bajo su jurisdicción y del impacto de dichas inversiones
en función de los sectores de la sociedad a quien privilegia.
Se
trata de evaluar quien capitaliza la renta generada a partir de las
inversiones del Estado y cuál es el impacto en la calidad de
vida de la población en su conjunto. Son las ventajas comparativas
económicas de cada lugar las que prioriza el capital para su
localización, y a veces con altos costos sociales, ambientales,
generando segregación espacial y social; es decir sectores que
cuentan con todos los beneficios de infraestructuras y servicios que
las ciudades hoy pueden ofrecer de acuerdo al avance tecnológico
y otros sectores desprovistos de las condiciones básicas de supervivencia.
Se estima que aproximadamente un billón de personas en el mundo
viven en asentamientos informales y en zonas de riesgo ambiental.
En
el Foro Social Mundial 2002 diversas organizaciones y movimientos sociales
iniciaron un proceso para aportar a la elaboración de una Carta
Mundial por el Derecho a la Ciudad. El objetivo es la construcción
de un proceso internacional que transforme la Carta en un instrumento
político y legal, en la forma de un tratado internacional de
derechos humanos. La forma de tratado permitiría que gobiernos
nacionales y locales, organismos internacionales de protección
a los derechos humanos (ONU y OEA) asuman compromisos y obligaciones
para la protección del derecho a la ciudad.
La
carta expresa entre otras cosas que: El derecho a la ciudad es interligado
e interdependiente de todos los derechos humanos internacionalmente
reconocidos, concebidos integralmente. Luego, incluye el derecho a la
tierra, a los medios de subsistencia, al trabajo, a la salud, educación,
cultura, habitación, protección social, seguridad, medio
ambiente sano, saneamiento, transporte público, entretenimiento
e información. Además, incluye el derecho a libertad de
reunión y organización, el respeto a minorías y
a la pluralidad étnica, sexual y cultural; el respeto a los inmigrantes
y la garantía de preservación de la herencia histórica
y cultural.
La
Red Mujer y Hábitat tuvo una activa participación para
incluir en la misma el derecho de las mujeres a la ciudad como un derecho
humano y la obligatoriedad de los gobiernos de garantizarlo con acciones
específicas. Asimismo aportó a la elaboración de
la Carta Mundial de las Mujeres por el Derecho a la Ciudad presentada
en Barcelona 2004 en el contexto del Foro Mundial de las Culturas .
Porqué las mujeres y la ciudad?
Porqué hablar del espacio urbano desde una perspectiva no neutral,
sino reconociendo la naturaleza sexuada de la realidad?
El desarrollo de las ciudades estuvo asociado, en los países
occidentales, no sólo al proceso de industrialización
y de construcción del Estado moderno sino también a los
cambios en la división sexual del trabajo y de la familia. Las
ciudades terminaron de consolidar la separación entre lo público
y lo privado, entre el lugar de trabajo, de la política, de la
cultura y el espacio de la familia. La diferenciación entre los
roles de varones y mujeres y sus relaciones personales se acentuó
hasta convertirse en dos mundos separados y distanciados .
Actualmente,
las mujeres participan masivamente del mundo público a través
del trabajo remunerado, pero siguen siendo las principales responsables
del trabajo no remunerado en el ámbito privado, y la estructura
de la ciudad responde aún a la división sexual del trabajo
según roles, y a las necesidades de un sujeto universal abstracto
que ignora los sujetos concretos destinatarios de las políticas:
varones y mujeres y sus distintas condiciones de inserción social.
En
este sentido, podemos pensar el territorio como un espacio de conflicto
no sólo social sino también de género y que se
expresa en distintas situaciones y dimensiones del espacio territorial.
Sólo para dar dos ejemplos vinculados a aspectos de las políticas
públicas que no son visualizados comúnmente desde la perspectiva
de género, mencionaremos los siguientes:
-La
desigual oferta de infraestructura y servicios que condiciona la vida
cotidiana de la población según sectores sociales. Las
consecuencias no son las mismas para varones y mujeres. Si las responsabilidades
de unos y otras son diferentes, la relación entre el ámbito
privado y público también lo es. Son diversas las demandas
de accesibilidad, desplazamientos, tiempos de traslado, de unas y otros.
Las necesidades de las mujeres de compatibilizar las responsabilidades
en ambos espacios, son vitales en tanto las actividades del cuidado
continúen a cargo casi exclusivo de las mismas. La existencia
y calidad de los servicios de cuidado infantil, ancianos, enfermos,
abastecimiento, resultan para las mujeres posibilitantes u obstaculizantes
para tomar decisiones respecto a sus vidas, fundamentalmente las de
participar en igualdad de condiciones con los varones en la vida pública.
-La
violencia urbana. La violencia e inseguridad en las ciudades tiene múltiples
y complejas causas, sin embargo la planificación territorial
que define la distribución de funciones en el territorio, las
condiciones socio espaciales del mismo, (características de los
espacios públicos, actividades que albergan, socialización
que promueven), es una variable no menor en la percepción de
seguridad/inseguridad. Desde las políticas públicas urbanas
es posible incidir en el control de las condiciones que determinan la
calidad de los espacios públicos, la identidad y uso de los mismos,
y son responsabilidad de los gobiernos locales . La percepción
de inseguridad en las ciudades es compartida por varones y mujeres,
sin embargo las mujeres además de los delitos comúnmente
tipificados, como robos a la propiedad y agresiones físicas vinculadas
a los mismos, homicidios, etc., sufren una violencia que se ejerce contra
ellas por ser mujeres y que se manifiesta tanto en el espacio privado
como en el público: agresiones verbales, intimidaciones, violencia
física y sexual, violación. La violencia de género,
sabemos, tiene sus causas en las relaciones desiguales entre varones
y mujeres que sustenta la sociedad patriarcal y que requiere de abordajes
multidimensionales y de profundos cambios culturales. Sin embargo, desde
el urbanismo, las políticas habitacionales, las políticas
de transporte, etc. es posible aportar a ciudades más seguras,
teniendo en cuenta los requerimientos que el espacio público
debe cumplir para promover la seguridad de las personas y de las mujeres
en particular.
Actualmente
las políticas de seguridad ciudadana tienen un concepto restrictivo
del delito y no incorporan la violencia de género, siendo ésta
una realidad de todas las ciudades. La violencia de género y
la percepción de inseguridad es una de las condiciones que impacta
fuertemente en las conductas de las mujeres, modificando sus rutinas
y restringiendo el uso y apropiación de la ciudad por parte de
las mismas. En este sentido, es necesario incorporar la experiencia
de las mujeres en relación al uso de la ciudad y los obstáculos
que les impiden ejercer su ciudadanía plena .
Los
ejemplos señalados como conflictos que se expresan en el territorio,
prescinden de la voz de las mujeres en las decisiones sobre las políticas
urbanas y territoriales y sigue respondiendo a un "ideal"
de población (varones trabajadores, mujeres responsables del
"hogar" o bien del trabajo comunitario ) que no se adecua
a la heterogénea realidad social.
Los
gobiernos locales de la región avanzaron en distintas estrategias
para eliminar las desigualdades de género, políticas de
igualdad de oportunidades, que implicaron revisar legislaciones discriminatorias
para las mujeres, avanzaron en acciones afirmativas para acortar las
brechas entre las leyes y las practicas culturales, y por último
el reconocimiento de que la problemática de la desigualdad de
género no puede reducirse a un área especifica del municipio,
sino que es una responsabilidad del conjunto del gobierno local. En
este sentido, la transversalización de las distintos programas
y acciones municipales con la perspectiva de género es una de
las estrategias que muchos gobiernos locales están implementando,
la visión desde esta perspectiva debe estar presente en todas
las áreas de la planificación territorial y reflejarse
en el presupuesto municipal.
La
planificación territorial es una de las áreas más
débiles y dificultosas aún de permeabilizar con esta perspectiva
y es necesario por un lado capacitar a los técnicos y técnicas
responsables de la misma para trabajar desde esta perspectiva que requiere
de metodologías y herramientas específicas, y paralelamente
garantizar la participación activa de las mujeres a través
de órganos consultivos donde las mujeres de la comunidad y sus
organizaciones planteen sus propuestas respecto a la ciudad.
Las
mujeres en América Latina han estado históricamente presentes
en el ámbito local, trabajando y contribuyendo al desarrollo
de los asentamientos humanos, son sin duda las principales protagonistas
de los movimientos sociales urbanos en su lucha por el acceso a la tenencia
segura de la vivienda, la tierra y los servicios, aportando tiempos
y esfuerzos para el mejoramiento barrial y de la comunidad. Sin embargo,
continúan sub-representadas o ausentes de los espacios de decisión
de los gobiernos locales, de la planificación del territorio
y de los ámbitos donde se deciden las inversiones que impactan
la calidad de sus vidas cotidianas.
La
realidad es que en los máximos cargos ejecutivos de los gobiernos
locales de América Latina la presencia de las mujeres es escasa
en contraste con su presencia mayoritaria en los espacios comunitarios,
no obstante la declaración de los gobiernos locales de que no
hay democracia sin participación paritaria de las mujeres y los
hombres en los ámbitos de representación y decisión
locales .
Es
necesario señalar, pese a la debilidad institucional que caracteriza
a las áreas Mujer de los municipios de los países de la
región, con algunas excepciones, el enriquecimiento que ha significado
en el espacio local el trabajo de las mujeres funcionarias con conciencia
de género actuando articuladamente en espacios como, por ejemplo,
la Unidad Temática de Género y Municipios de la Red de
Mercociudades. Sin duda que el trabajo conjunto con las organizaciones
de mujeres y feministas constituye un potencial para fortalecer la institucionalidad
de las políticas de equidad de género, y avanzar en los
desafíos pendientes para una sociedad mas justa para todos y
todas.
Generar
conocimientos sobre la ciudad, la planificación territorial,
el uso del tiempo y el espacio, las condiciones del hábitat en
general, desde una mirada de género es un imperativo para las
distintas instancias de enseñanza como las universidades que
permita vincular la producción teórica con las políticas
públicas. Desde los gobiernos locales en tanto responsables de
generar acciones que aporten a transformar las condiciones de subordinación
e inequidad entre varones y mujeres, requiere asumir un compromiso político
y ético para pasar de los enunciados a los hechos. Desde la ciudadanía,
la convicción de que la democratización de la ciudad exige
la distribución equitativa del presupuesto en el territorio y
la participación activa e inclusiva de todos y todas en la definición
de las inversiones.
El
uso y disfrute de la ciudad sin exclusiones, es todavía una meta
a alcanzar, y esto es lo que nos convoca y reúne para aportar
colectivamente a su realización.