Crónica de una breve visita

¿A ti te gustaría estar así, en un cuarto como éste?, preguntaba una de las chicas mientras recogía su ropa, perfectamente doblada en una caja de cartón que tenia bajo la cama. Es una de las imágenes que se perciben cuando alguien visita los cuartos de las jóvenes, con un formato parecido al de una celda. El frío, la sensación de encierro y soledad son también parte del ambiente.

El acceso al CIAF no fue fácil. Las diversas denuncias que el sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA) ha recibido, y los informes que dan cuenta de una serie de vulneraciones a los derechos humanos en el interior de los centros, ha complicado el acceso a las adolescentes privadas de libertad. Luego de varios intentos de contactar con la institución, mediante pedidos formales, sin lograr el objetivo propuesto pudimos hacer una visita como participante en un taller de lectura que realizaba Serpaj.

Encontramos cuarenta adolescentes con sueños, expectativas, miedos…Algunas de ellas son madres, otras ya están pensando en serlo. Algunas son del interior, otras no son uruguayas. Están todas juntas, en diversos cuartos mal acondicionados. Han cometido un delito y están cumpliendo una pena. El encierro y el castigo están presentes en todo momento, ya que en eso consiste la privación de libertad. En muchos de los cabeceros de las camas, además de fotografías familiares, los calendarios muestran los días que quedan para salir; se agregan pintadas en las paredes, en las que el ”te quiero mamá”, es el lema protagonista.

Mientras la tallerista coordinaba una actividad de lectura con algunas de ellas, otras estaban en clase o en sus piezas compartidas. Un par paseaba por el patio trasero. Esto hace poco no pasaba, el patio estaba prácticamente inhabilitado, apuntaba. Ahora parece que tienen un espacio algo mayor para la convivencia, y el uso de los espacios comunes, aunque en muchas de ellas se escuchaban quejas; si voy a clase, luego no tengo tiempo para estar con las demás, decía una de las chicas que se unió al taller luego de que la clase de ese día fuera cancelada.

¿Es verdad que van a venir otros pibes para acá?, preguntaba otra chica, entre risas con su compañera. Acá mucho varón no hay, ¿viste?. Se referían a una actividad que se estaba organizando junto con otros centros educativos en las que el autor del libro que estaban leyendo estaría presente… Acá nos aburrimos mucho, ¿sabés? Son muchas horas sin hacer nada,…

En otra de las piezas, una de las chicas, antes de comenzar la lectura mostraba la foto de su hijo. Ahora está con mi mamá, pero a mí me quedan pocos días y ya podré volver con él. La compañera rápidamente sacó de su caja una fotografía que guardada como oro de la visita que el cantante de Calle 13 hizo al CIAF, en el marco del Festival de Cine y Derechos Humanos Tenemos Que Ver. No lo voy a olvidar nunca, suspiraba.

Cuatro jóvenes madres, junto con otras jóvenes comparten el cuarto con sus bebés; parece una guardería colectiva, donde todas participan del cuidado… Mientras una daba de mamar, otra chica mostraba el cuadro que estaba pintando para el bebé. Agarraba una libreta; esto lo estoy haciendo para cuando la nena crezca, que vea lo importante que es para mí… En el cuaderno, hablaba del dolor que sintió la primera vez que dio de amamantar, de que extrañaba estar embarazada, del primer cambio de pañales, ilustrado con recortes de revistas y algunas fotografías impresas. Ser madre es todo para mí, decía. Entre tanto, una chica mece al hijo de su compañera; otra, tumbada en la cama, hace pulseras de macramé como le habían enseñado en uno de los talleres. Un vaso de agua, ¡por favor!, gritaba una de las chicas por las rejas de la puertas a las funcionarias.

Antes de poder terminar las últimas páginas del libro, nos abren la puerta de la celda para salir. Es hora de marchar. ¡Vuelva pronto profe! Otro día seguimos charlando, decían al despedirse.

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