Luis Pérez Aguirre
de Carlos Etchegoyhen a mi hija Magdalena
Con permiso
Luis Pérez Aguirre decía con frecuencia que no tenía “otras credenciales para hablar de (o sobre) lo femenino que las que tendría para hacerlo sobre cualquier aspecto del ser humano, el ser negro, o asiático, rico o pobre. Porque sin ser mujer, ni negro ni asiático, soy humano. Allí comulgo con lo que de humano hay en cada uno de esos continentes”.2 Aunque él mismo señala que “nunca me será fácil encarar la realidad de la mujer /pues/ necesariamente (se) reflejará algo de la óptica particular de la cultura patriarcal y machista en la que estoy inmerso, y los conflictos que la misma introduce, fatalmente, en esa relación. Es evidente que accedo a lo real – a lo femenino – con unos ojos (o anteojos) que no están esterilizados ni son neutros. Mi visión siempre es heredera de mi cultura y de mi pasado. Además está impregnada de juicios previos (de prejuicios) que condicionan mi acceso a lo nuevo, a lo desconocido. Conocer una realidad será siempre interpretar en contra o a favor de esos conocimientos o prejuicios… mi viaje al alma femenina nunca será con los ojos desnudos, sino dentro de mi estructura previa, y siempre será aproximativo”.3