{"id":220,"date":"2003-06-21T16:58:11","date_gmt":"2003-06-21T16:58:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cotidianomujer.org.uy\/www.cotidianomujer.org.uy\/wp\/?p=220"},"modified":"2003-06-21T16:58:11","modified_gmt":"2003-06-21T16:58:11","slug":"bagdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cotidianomujer.org.uy\/www.cotidianomujer.org.uy\/wp\/2003\/06\/21\/bagdad\/","title":{"rendered":"BAGDAD"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"right\">Teresa Meana Su\u00e1rez\u00a0<br \/>(Valencia)<\/p>\n<p>Te conoc\u00ed en el aeropuerto de Damasco. Quiz\u00e1s nos hab\u00edamos visto en el avi\u00f3n o en los anteriores aeropuertos (Madrid, Marsella) pero \u00e9ramos tantas (\u00a1cuarenta y pico!) y mi amiga Karmele y yo, despu\u00e9s de a\u00f1os sin vernos, ten\u00edamos tantas cosas que contarnos, que no me di cuenta. Pero en Damasco, s\u00ed. En Damasco encontr\u00e9 tus negr\u00edsimos ojos y nos saludamos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Recuerdo que me acerqu\u00e9 porque llevabas a la vez dos carritos de aeropuerto llenos a rebosar de\u00a0 bolsas y voluminosas cajas de cart\u00f3n.\u00a0&#8220;\u00bfTe ayudo? Yo s\u00f3lo llevo esta mochila&#8230;&#8221; Separaste los dos carros y con una sonrisa y un\u00a0&#8220;Gracias&#8221;, empujaste uno hacia m\u00ed. Mientras atraves\u00e1bamos esas enormes galer\u00edas de los aeropuertos, me explicabas que todo aquello que pesaba tanto eran medicinas y comida (&#8220;botes de garbanzos, de lentejas, de todo lo que pude reunir&#8230;&#8221;) para tus dos hijos varones, que te esperaban en Bagdad. Volv\u00edas a sonreir cuando me asombraba: &#8220;\u00a1As\u00ed que eres de Bagdad!&#8221;.\u00a0 Ahora me parece inexplicable mi sorpresa. Ahora que no puedo evocar una imagen de las mujeres iraqu\u00edes que no tenga ese pelo tuyo tan negro, esos brazos tan fuertes y tu dulce voz.<\/p>\n<p>En Damasco nos subimos todas a un autob\u00fas y comenz\u00f3\u00a0 el &#8220;viaje&#8221; de verdad. Dieciocho horas por tierras de Siria y de Irak.\u00a0 Ibamos contentas. Cansadas, angustiadas tambi\u00e9n (era febrero, sab\u00edamos que el ataque estaba pr\u00f3ximo), pero contentas (varias de esas dieciocho horas las pasamos cantando). Atraves\u00e1bamos el desierto y lleg\u00e1bamos al pa\u00eds de las mil y una noches. A la cuna de la civilizaci\u00f3n (N\u00ednive, Babilonia), a la antigua Mesopotamia, all\u00ed donde, seg\u00fan la Biblia, estaba el para\u00edso terrenal, en alguna parte entre el Tigris y el E\u00fafrates. Al lugar donde hace cinco mil a\u00f1os naci\u00f3 la escritura y aparecieron el primer calendario, el primer c\u00f3digo, la primera religi\u00f3n, la primera democracia, los primeros poemas \u00e9picos. Al \u00fanico pa\u00eds del mundo en que existi\u00f3 un mercado de poes\u00eda, el de Mirbad, en Basora, al que acud\u00eda la gente de lugares muy lejanos a comprar (especialmente la gente enamorada), vender, aprender o criticar.\u00a0 Esa poes\u00eda en la que las mujeres iraqu\u00edes han tenido un papel esencial. As\u00ed, Angiduana (S III a.C.) reconocida como una de las primeras poetas conocidas del mundo (claro, despu\u00e9s de Safo de Lesbos, S VI a.C.), y Nazik Al-malaika, iniciadora de la poes\u00eda \u00e1rabe moderna.<\/p>\n<p>A ese lugar de ensue\u00f1o, \u00edbamos. \u00c9ramos unas mujeres espa\u00f1olas que viajaban a encontrarse con otras mujeres, iraqu\u00edes.\u00a0 No \u00edbamos al pa\u00eds\u00a0&#8220;de las armas de destrucci\u00f3n masiva&#8221; (\u00a1!) ni a contar pozos de petr\u00f3leo.\u00a0 \u00cdbamos a compartir sue\u00f1os y realidades con mujeres como t\u00fa.\u00a0 \u00c9ramos mujeres internacionales que hablan entre s\u00ed, que no se odian entre s\u00ed, que se re\u00fanen, se reconocen, discuten y se escuchan.\u00a0 Que luchan por decidir por s\u00ed mismas, por no estar relegadas, por no ser invisibilizadas, ni exclu\u00eddas, ni asesinadas.<\/p>\n<p>Porque las mujeres nunca luchan solas. Siempre, desde todas las partes de la Tierra, las voces de otras mujeres de cultura, religi\u00f3n y vida diferentes, las apoyan.<\/p>\n<p>Y las feministas quer\u00edamos gritarles a quienes nos gobiernan que estamos hartas. Que las guerras s\u00f3lo siembran odio. Que sabemos de otras formas de resolver conflictos que no son violentas. Que queremos que se escuche la voz de las mujeres.<\/p>\n<p>Llegamos a Bagdad. De esos d\u00edas tan intensos quiero revivir, sobre todo, dos momentos. El primero, la visita al refugio de Al-amarya. Desde la guerra del Golfo de hace diez a\u00f1os, las ruinas de ese refugio se han convertido en un monumento contra la guerra. Un misil de los EEUU lanzado directamente contra ese lugar (violando todos los tratados internacionales que designan los refugios como lugares protegidos) quem\u00f3 vivas a 428 personas. Eran, en su totalidad, mujeres, ni\u00f1as y ni\u00f1os. La temperatura se elev\u00f3 a casi 500 grados, las paredes se soldaron herm\u00e9ticamente y nadie sobrevivi\u00f3. Te ense\u00f1an el enorme agujero y las siluetas incrustadas en muros y suelos, dibujadas con los restos de piel carbonizada. Parece una pel\u00edcula del holocausto jud\u00edo. All\u00ed, estremecidas, (algunas llorando) escuchamos a Marina Rosell entonar a viva voz &#8220;El cant dels ocells&#8221; y vi a Raquel, nuestra compa\u00f1era de viaje, salir afuera con\u00a0 una amiga, sin poder resistir m\u00e1s.<\/p>\n<p>A Ana, la madre de Raquel, la quem\u00f3 viva el que fue su marido.\u00a0 Hab\u00eda salido en la televisi\u00f3n andaluza, hablando de sus largos a\u00f1os de maltrato y tortura. Al d\u00eda siguiente \u00e9l fue, le prendi\u00f3 fuego y la mat\u00f3. Ese caso fue un detonante en la lucha de las mujeres de nuestro pa\u00eds contra la violencia masculina. Raquel y sus hermanas llevan el apellido de Ana Orantes y renunciaron oficialmente a llevar el del hombre que mat\u00f3 a su madre.<\/p>\n<p>EEUU asesin\u00f3 con fuego a esas 428 personas y el padre de Raquel hizo lo mismo con la que fue su mujer durante tantos a\u00f1os. As\u00ed viv\u00ed ese d\u00eda la violencia del patriarcado. La de la guerra y la de casa. De un modo gr\u00e1fico, simb\u00f3lico. Y terrible.<\/p>\n<p>El otro s\u00edmbolo es todo lo contrario: alegre y esperanzador. Fue en el teatro, en Bagdad, la noche del concierto. Durante cuatro horas mujeres iraqu\u00edes y espa\u00f1olas mostramos nuestras armas: la palabra y la m\u00fasica. Re\u00edmos, bailamos (\u00a1la danza del vientre!, rumba flamenca,&#8230;), aplaudimos, cantamos, lloramos.<\/p>\n<p>Vimos, tocando el piano juntas, a una gaitera gallega con el pelo verde y las ropas informales de sus veinte a\u00f1os, y a una pianista iraqu\u00ed, tan elegante con su traje sastre, su mo\u00f1o blanco y sus m\u00e1s de sesenta. Eran dos edades, dos culturas, dos est\u00e9ticas. Dos mujeres tocando una sinfon\u00eda a cuatro manos.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n escuchamos a Dulce Chac\u00f3n recitando en castellano y a ti, Bad\u00eda, con el mismo poema en \u00e1rabe. Las dos juntas, tan radiantes, tan guapas. Bueno, fue incre\u00edble.<\/p>\n<p>Salimos todas llenas de fuerza.<\/p>\n<p>El 18 de marzo (yo estaba en Bilbao) empezaron a caer las bombas sobre Bagdad. Nos tiramos a las calles. Pens\u00e1bamos a menudo en ti y en la gente que hab\u00edamos conocido. Iban destrozando mercados, barrios que hab\u00edamos visitado, &#8220;nuestro&#8221; hotel en la orilla de ac\u00e1 del Tigris&#8230; Era espantoso. Veinte d\u00edas despu\u00e9s reconoc\u00ed tu voz en la radio, cont\u00e1ndole al periodista en tu &#8220;especial&#8221; castellano, los horrores de la guerra, en directo. \u00a1Me alegr\u00e9 tanto al saberte viva y luchadora como siempre! Ojal\u00e1 (del \u00e1rabe &#8220;inchal\u00e0&#8221;) que hayamos aprendido algo. Ojal\u00e1 nunca olvidemos. Bagdad est\u00e1 lejos y, sin embargo, est\u00e1 ah\u00ed detr\u00e1s, escondida bajo nuestro pasado, nuestra m\u00fasica, nuestros sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Y ahora miro esa p\u00e1gina de mi cuaderno donde al despedirnos me escribiste tu nombre, Bad\u00eda Al Bakali, y tu n\u00famero (inservible ya) de tel\u00e9fono. Al lado ven\u00eda una frase en esas hermosas letras \u00e1rabes que el ordenador no me deja escribir y entre par\u00e9ntesis hab\u00edas puesto la traducci\u00f3n al castellano, &#8220;Siempre en mi coraz\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Y repito, para que me oigas: Bad\u00eda, siempre en mi coraz\u00f3n.\u00a0 Bagdad, siempre en mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"right\">Teresa Meana Su\u00e1rez\u00a0<br \/>(Valencia)<\/p>\n<p>Te conoc\u00ed en el aeropuerto de Damasco. Quiz\u00e1s nos hab\u00edamos visto en el avi\u00f3n o en los anteriores aeropuertos (Madrid, Marsella) pero \u00e9ramos tantas (\u00a1cuarenta y pico!) y mi amiga Karmele y yo, despu\u00e9s de a\u00f1os sin vernos, ten\u00edamos tantas cosas que contarnos, que no me di cuenta. Pero en Damasco, s\u00ed. 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