{"id":332,"date":"2012-06-22T21:06:44","date_gmt":"2012-06-22T21:06:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cotidianomujer.org.uy\/www.cotidianomujer.org.uy\/wp\/?p=332"},"modified":"2012-06-22T21:06:44","modified_gmt":"2012-06-22T21:06:44","slug":"las-mujeres-exigen-a-las-damas-se-las-protege-alice-m-miller","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cotidianomujer.org.uy\/www.cotidianomujer.org.uy\/wp\/2012\/06\/22\/las-mujeres-exigen-a-las-damas-se-las-protege-alice-m-miller\/","title":{"rendered":"Las mujeres exigen, a las damas se las protege &#8211; Alice M. Miller"},"content":{"rendered":"<p>Hay una l\u00ednea de falla obvia que se est\u00e1 perfilando en el trabajo de defensa y gesti\u00f3n de los derechos humanos: cuando los actores poderosos recogen las demandas por los derechos humanos, con frecuencia las despojan de su contenido transformador y las utilizan solamente en la medida en que pueden traerle beneficios a esos actores. Comprender c\u00f3mo las activistas ganaron credibilidad y pusieron \u201cla sexualidad en la agenda\u201d significa estudiar c\u00f3mo la comunidad internacional ha llegado a hablar de sexualidad como asunto de derechos humanos en los espacios p\u00fablicos.<\/p>\n<p>Si se aplica la noci\u00f3n de jerarqu\u00edas sexuales (introducida por Gayle Rubin hace veinte a\u00f1os) al trabajo de defensa y gesti\u00f3n de derechos humanos de las mujeres, las operaciones de poder y los juicios que funcionan por debajo de la superficie en torno al da\u00f1o sexual se hacen evidentes.3 Las jerarqu\u00edas sexuales son sistemas de legitimidad tanto t\u00e1cita (avergonzar) como expl\u00edcita (legal) que surgen en distintos contextos (pa\u00eds, cultura, cualquier unidad de la imaginaci\u00f3n) y que le otorgan prioridad a ciertas formas de actividad sexual -reproductiva, marital y heterosexual- por encima de otras conductas e identidades sexuales, forzando a que, con el tiempo, estas conductas marginadas queden fuera del espacio en el que se tramitan las demandas por derechos humanos. Las l\u00edneas no se trazan de una vez para siempre \u2013 conductas que antes estaban desacreditadas pueden m\u00e1s tarde ascender en la jerarqu\u00eda- pero siempre hay un l\u00edmite de alguna clase (que separa del caos y el peligro).4 Atacadas en el plano local e internacional, en la lucha por aportarle credibilidad a los grupos que luchaban por los derechos humanos de las mujeres, muchas de nosotras nos esforzamos por afirmar nuestra respetabilidad a costa de otras mujeres, menos respetables. En el proceso, sin darnos cuenta, utilizamos t\u00e9rminos de derechos humanos para reforzar (y no para repensar) las jerarqu\u00edas.<\/p>\n<p>\u00bfLa credibilidad a trav\u00e9s de la respetabilidad?<\/p>\n<p>El trabajo contra la violencia sexual en el marco de la defensa y gesti\u00f3n de los derechos humanos de las mujeres ha tenido algunos \u00e9xitos, aun si estos han sido s\u00f3lo parciales. Al mismo tiempo, el centrarse en el da\u00f1o hace que resulte seguro hablar de sexualidad \u2013 lo cual es sin\u00f3nimo de \u201crespetable\u201d. Algunas formas de defensa y gesti\u00f3n contra la violencia sexual encajan perfectamente con los intereses estatales y de ese modo adquieren \u201cun car\u00e1cter respetable\u201d como elemento de la \u201ccredibilidad\u201d que les permite participar en la creaci\u00f3n de pol\u00edticas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>El trabajo de George Mosse sobre la respetabilidad (una condici\u00f3n a la que se llega gracias a un discurso de moderaci\u00f3n sexual) subraya el rol que esta puede desempe\u00f1ar en cuanto a reforzar los discursos sobre el nacionalismo y la superioridad racial, aun cuando incorpora a nuevos grupos en un proyecto pol\u00edtico m\u00e1s amplio. Cuando cuestionan las pol\u00edticas de igualdad o salud sexual, los grupos de mujeres \u2013 que ya estaban excluidos del debate p\u00fablico- suelen ser atacados por su \u201cmala reputaci\u00f3n\u201d5. La Comisi\u00f3n Internacional de los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas (IGLHRC) y el Center for Women\u2019s Global Leadership documentaron las m\u00faltiples formas en que se utilizan calumnias de \u00edndole sexual para hacer callar a los grupos de mujeres. Con frecuencia se ataca a integrantes del grupo calific\u00e1ndolas de lesbianas o de prostitutas \u2013 (ambas identidades sexuadas p\u00fablicamente como desviadas y para nada respetables) \u2013 sin importar cu\u00e1l sea la naturaleza de su defensa y gesti\u00f3n por los derechos.6<\/p>\n<p>Todos los grupos de derechos humanos se esfuerzan por resultar cre\u00edbles porque la credibilidad es un aspecto decisivo para la influencia que pueden ejercer sobre las pol\u00edticas p\u00fablicas. En el trabajo en derechos humanos, se piensa que la credibilidad se basa en la validez de la documentaci\u00f3n, la aplicaci\u00f3n de las normas aceptadas a los hechos sin tendenciosidad alguna, y la rendici\u00f3n de cuentas p\u00fablica por las campa\u00f1as realizadas.7 Las ONG internacionales afirman una y otra vez que no sostienen posici\u00f3n pol\u00edtica alguna: que son objetivas, neutrales e imparciales. Ya sea que esta pretensi\u00f3n resulte v\u00e1lida o no, a los grupos que trabajan por los derechos de las mujeres \u2013y que funcionan por lo general mediante redes regionales o locales- tambi\u00e9n se los considera por definici\u00f3n \u201cparciales\u201d, porque se concentran en el g\u00e9nero.8<\/p>\n<p>As\u00ed las mujeres, que ya son hablantes \u201csexuadas\u201d en los contextos locales e internacionales y ciudadanas no del todo plenas, con frecuencia deben esforzarse el doble para que se las considere activistas de derechos humanos cre\u00edbles. Al mismo tiempo, est\u00e1n entrampadas en una paradoja. Las historias sobre el da\u00f1o sexual (sufrimiento que no es de \u00edndole econ\u00f3mica, que se centra en la justicia penal y se corporiza en una individua concreta) son convincentes, pero el sexo como actividad elegida que merece protecci\u00f3n (en el caso de las lesbianas, de las mujeres heterosexuales solteras) no es un tema apropiado para el debate p\u00fablico. Centrarse en el da\u00f1o relacionado con el sexo en lugar de en lo bueno que el sexo puede resultar, coloca a la que habla m\u00e1s all\u00e1 del inter\u00e9s ego\u00edsta y de la procacidad, sobre todo si el acento est\u00e1 puesto sobre una v\u00edctima indefensa, alguien a quien resultar\u00eda inconcebible considerar responsable de haber tomado la iniciativa en la actividad sexual. Aqu\u00ed se entromete la tendencia a preferir v\u00edctimas inocentes (j\u00f3venes) para la defensa y la gesti\u00f3n, as\u00ed como la necesidad de probar la \u201crespetabilidad\u201d (de la v\u00edctima) cuando se reclama el aspecto penal\/acusador de la acci\u00f3n estatal. As\u00ed, a las mujeres \u201cse las lleva enga\u00f1adas\u201d a la prostituci\u00f3n y no deben obtener beneficio alguno en el proceso para que el da\u00f1o que sufren resulte visible: una trabajadora del sexo explotada es una v\u00edctima que despierta mucha menos compasi\u00f3n que una ni\u00f1a inocente violada.<\/p>\n<p>Convertir el da\u00f1o sexual en un tema sanitario es otro intento por lograr respetabilidad y credibilidad. Al convertir las conversaciones sobre sexo en funcionales, es decir, relacionadas con la enfermedad y la supervivencia en lugar de lascivas y personales, la salud como discurso juega un rol central en el logro de la respetabilidad. Al mismo tiempo, una respuesta sanitaria puede reemplazar a la voz que habla a favor de las ni\u00f1as y las mujeres por la voz de las\/os expertas\/os en medicina en los debates p\u00fablicos sobre sexualidad &#8211; lo que implica la p\u00e9rdida de una oportunidad de ciudadan\u00eda sexual para las mujeres.9<\/p>\n<p>Si bien esta indagaci\u00f3n acerca de las ONG de mujeres y el discurso sobre el da\u00f1o sexual es tentativa, sugiere sin embargo que el logro de haber colocado a la violaci\u00f3n en la agenda internacional como tema de derechos humanos ha afectado al trabajo en derechos humanos de las mujeres como un todo. Trabajar contra la violaci\u00f3n nos dio credibilidad y respetabilidad, y nos introdujo al mundo poderoso de los derechos humanos promovidos mediante la legislaci\u00f3n penal. Son avances reales, cuya importancia no pretendo impugnar. Al mismo tiempo, el trabajo por la diversidad sexual es algo que se entiende menos, que involucra un \u00e1rea en la cual los derechos humanos tradicionales a\u00fan no tienen ni teor\u00eda ni pr\u00e1ctica, y cuestiona nuestra credibilidad. En el mismo sentido, el trabajo contra la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica y la marginaci\u00f3n social no s\u00f3lo est\u00e1 poco desarrollado como marco de referencia en t\u00e9rminos de derechos, sino \u2013lo que es m\u00e1s importante- tambi\u00e9n implica operaciones del mercado mundial que resultan profundamente amenazadoras para quienes detentan el poder pol\u00edtico (en el norte y en el sur).<\/p>\n<p>Conclusiones<\/p>\n<p>La trayectoria de este art\u00edculo concluye en una pregunta decisiva: \u00bfC\u00f3mo garantizamos que nuestras intervenciones destinadas a que cese el da\u00f1o que se les hace a las mujeres no reinstalan y refuerzan, sin que as\u00ed lo queramos conscientemente, la idea de que lo m\u00e1s importante en una mujer es su integridad sexual (lo que antes se entend\u00eda como su \u201ccastidad\u201d)? Este art\u00edculo ha examinado algunas de las muchas fuerzas que influyen tanto sobre el \u00e9xito como sobre los peligros potenciales de las estrategias de defensa y gesti\u00f3n que colocan la violencia sexual contra las mujeres como la reivindicaci\u00f3n central en el trabajo por los derechos humanos de las mujeres. En el contexto hist\u00f3rico, las reivindicaciones por los derechos de las mujeres se expresaron por varias v\u00edas en el sistema de la ONU (desarrollo, igualdad, salud), y el esfuerzo por transversalizar los derechos de las mujeres como derechos humanos tuvo lugar en un momento de gran fluidez para los derechos humanos como un todo.<\/p>\n<p>La VCM como tema presentaba obst\u00e1culos m\u00ednimos en el marco de los derechos humanos, y el da\u00f1o sexual parec\u00eda ser una demanda con resonancia particular. Hab\u00eda muchas \u201cramitas en el suelo del bosque\u201d que resultaba f\u00e1cil juntar para formar un nido exitoso \u2013equivalente de una demanda por derechos humanos en el plano internacional- y entre ellas estaban el centrarse en el cuerpo como espacio donde se produce el da\u00f1o (y la creencia de que el sexo reside en el cuerpo) y en el estado como garant\u00eda limitada frente al da\u00f1o y tambi\u00e9n como castigador activo del da\u00f1o. Estos temas surgieron en el trabajo contra la tortura, tanto en tiempos de paz como de guerra, pero recorrieron trayectorias ligeramente diferentes en los derechos humanos y en el derecho y la pr\u00e1ctica humanitarias. A esto se le sum\u00f3 la falta de una aceptaci\u00f3n difundida de la doctrina de la responsabilidad estatal frente a la injusticia econ\u00f3mica y, en consecuencia, que quienes trabajan en derechos no hayan logrado desarrollar una teor\u00eda del estado como estado \u201cbueno\u201d ni tampoco explorar preguntas acerca de la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica. As\u00ed, a la matriz compleja de coerci\u00f3n, agencia y supervivencia se la simplific\u00f3 o se la ignor\u00f3, y se oblig\u00f3 a la explotaci\u00f3n sexual a cargar con todo el peso del da\u00f1o. Las respuestas sanitarias al da\u00f1o sexual tendieron a hacerse eco de este acento puesto sobre el cuerpo y tambi\u00e9n a desempoderar a las personas a las que \u201ctratan\u201d, haci\u00e9ndolas pasar de ciudadana a paciente. Todas estas tendencias dentro del campo de los derechos se inscriben sobre (en verdad, en su g\u00e9nesis estuvieron intr\u00ednsencamente vinculadas a) diversos supuestos de g\u00e9nero y raciales acerca de, en primer lugar, qui\u00e9nes pueden acceder a la ciudadan\u00eda \u2013 todo lo cual hace que resulte m\u00e1s dif\u00edcil para las mujeres a quienes se muestra como v\u00edctimas del da\u00f1o sexual emerger como ciudadanas plenas en sus distintos contextos culturales y nacionales.<\/p>\n<p>La realidad que indica que la sexualidad a\u00fan es explosiva, a\u00fan no es v\u00e1lida como tema de estudio a escala mundial, y todav\u00eda no est\u00e1 incorporada del todo en el trabajo por los derechos humanos tambi\u00e9n afecta esta tarea. La b\u00fasqueda de credibilidad para los derechos humanos de las mujeres tendi\u00f3, por lo tanto, a poner \u00e9nfasis en la respetabilidad social de modo que los grupos de mujeres \u2013 que valientemente intentaban llamar la atenci\u00f3n sobre abusos y privaciones de derechos reales que afectaban a las mujeres &#8211; en su mayor\u00eda se concentraron en condenar el da\u00f1o sexual antes que en exigir autonom\u00eda sexual.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo problema se debe en parte al peligro inherente a la realizaci\u00f3n de campa\u00f1as p\u00fablicas, con su necesidad de estrategias de representaci\u00f3n exitosas. Cuando queremos que un tema atraiga la atenci\u00f3n del p\u00fablico, lo logramos m\u00e1s r\u00e1pido si se trata de algo que est\u00e1 conectado con creencias ya existentes \u2013 entre las que se incluyen los estereotipos de g\u00e9nero, raciales y culturales- y no las cuestiona. Sin embargo, en el largo plazo, si no cuestionamos las estructuras de poder dominantes, no habremos cumplido con nuestra tarea. Fue el da\u00f1o sexual (en particular, el da\u00f1o ejercido sobre la sexualidad de una mujer, ya que este art\u00edculo no se ha ocupado del da\u00f1o ejercido sobre los hombres) el que hizo visible la dimensi\u00f3n de g\u00e9nero en el da\u00f1o y, sin embargo, la paradoja es que esta idea radical tambi\u00e9n puede reforzar creencias profundamente conservadoras sobre las mujeres y la sexualidad.<\/p>\n<p>No se trata de un ejercicio simb\u00f3lico: aqu\u00ed hay da\u00f1os reales que impedir y a los que hay que responder. A\u00fan as\u00ed, los derechos humanos como pr\u00e1ctica y como doctrina no est\u00e1n libres de las mismas pr\u00e1cticas e ideolog\u00edas de subordinaci\u00f3n contra las que hacemos campa\u00f1a. Nuestro trabajo no est\u00e1 desconectado de los procesos de poder o subordinaci\u00f3n que forman el sustento de la naci\u00f3n, el g\u00e9nero, la cultura, la raza\/etnia, la sexualidad, la clase. Lejos de ello, resulta perturbador comprobar que a veces nuestro trabajo parece operar utilizando esas mismas subordinaciones en lugar de ir contra ellas.10 A quince a\u00f1os de iniciado el movimiento mundial por los derechos de las mujeres, nos encontramos en un momento explosivo de tensi\u00f3n mundial. En el plano internacional, hemos colocado los derechos en la geopol\u00edtica del debate sin haber sido capaces de cambiar las reglas del poder, reglas que les confieren m\u00e1s privilegios de soberan\u00eda a unas naciones que a otras. En el plano nacional-estatal, estamos pidi\u00e9ndole al poder del estado que nos proteja mientras seguimos teniendo una postura ambivalente acerca de sus motivaciones, sobre todo en cuanto a la regulaci\u00f3n de la sexualidad.11<\/p>\n<p>Este art\u00edculo concluye sin respuestas absolutas para el trabajo en derechos humanos. Sugiero, sin embargo, que como activistas nos detengamos cuando parezcamos estar volvi\u00e9ndonos \u201caceptables\u201d \u2013 o \u201crespetables\u201d- en cuanto a nuestro trabajo, sin dejar por ello de esforzarnos por ser cre\u00edbles y relevantes. El marco de referencia de la violencia y el de la igualdad se deben combinar dentro del marco m\u00e1s amplio que establece demandas relacionadas con las condiciones que permiten el ejercicio de un derecho \u2013 ya sea el derecho a la expresi\u00f3n sexual entre personas o de expresi\u00f3n pol\u00edtica por parte de los estados. Utilizar en forma aislada uno de esos marcos de referencia puede implicar una amenaza de destrucci\u00f3n para aspectos fundamentales del otro marco. La sexualidad merece respeto en el trabajo en derechos humanos, pero no respetabilidad; los derechos humanos deber\u00edan exigir tanto protecci\u00f3n como libertad; y, finalmente, el respeto mutuo que nos debemos como activistas exige que reflexionemos acerca de nuestras historias y limitaciones cuando planeamos el trabajo que haremos en el futuro.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">1 Fragmento del art\u00edculo Sexualidad, violencia contra las mujeres y derechos humanos: Las mujeres exigen, a las damas se las protege, publicado en 2005 en Harvard Health and Human Rights Journal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">2 Alice M. Miller, JD, es Profesora Adjunta de Clinical Population and Family Health en el Heilbrunn Department of Population and Family Health at the Mailman School of Public Health, Columbia University. A quienes deseen hacerlo, se les solicita escribir a Alice M. Miller, Heilbrunn Department of Population and Family Health, Mailman School of Public Health, Columbia University, 60 Haven Avenue # B2, New York, NY 10032, EEUU o a a808@columbia. edu. Copyright \u00ae 2004 by Alice M. Miller<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">3 G. Rubin.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">4 Esto no quiere decir que \u201ctodo vale\u201d con respecto a la sexualidad, sino que debemos ser muy claros acerca de los t\u00e9rminos del trazado de l\u00edneas en t\u00e9rminos de derechos. La prevenci\u00f3n del da\u00f1o y la expansi\u00f3n de los poderes de las personas para hacer determinaciones acerca de sus vidas ser\u00edan buenos principios iniciales, pero entonces a\u00fan debemos discutir acerca de la naturaleza del \u201cda\u00f1o\u201d y de a qu\u00e9 se parece la expansi\u00f3n del poder en mujeres en situaciones radicalmente diferentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">5 G. Mosse, Nacionalismo y Sexualidad: Respetabilidad y Sexualidad Anormal en la Europa Moderna (New York: Howard Fertig, Inc., 1997).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">6 C. Rothschild y S. Long, Por Escrito: C\u00f3mo la Sexualidad es Usada para Atacar la Organizaci\u00f3n de la Mujer (New York: Comisi\u00f3n Internacional para los Derechos Humanos de Gays y Lesbianas y el Centro de Liderazgo Global para la Mujer, 2000).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">7 Los Derechos Humanos de la Mujer Paso a Paso: Una Gu\u00eda Pr\u00e1ctica para Usar el Derecho Internacional de Derechos Humanos y Mecanismos para Defender los Derechos Humanos de la Mujer (New York: Mujer, Derecho y Desarrollo Internacional y Human Rights Watch, 1997).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">8 M. Matua.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">9 L. P. Freedman.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">10 J. Doeszema, \u201cEl \u201cAdjunto Herido\u201d a la Prostituta del Tercer Mundo de las Feministas Occidentales\u201d Feminist Review 67 (2001): p\u00e1gs. 16-38. Ver tambi\u00e9n W. Brown (ver nota 4) y R. Kapur.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: x-small;\">11 K. Bennoune, \u201c\u00bfSoberan\u00eda versus Sufrimiento?: Re-examinando la Soberan\u00eda y los Derechos Humanos a trav\u00e9s del Lente de Irak\u201d European Journal of International Law 13\/1 (2002): p\u00e1gs. 243-262.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay una l\u00ednea de falla obvia que se est\u00e1 perfilando en el trabajo de defensa y gesti\u00f3n de los derechos humanos: cuando los actores poderosos recogen las demandas por los derechos humanos, con frecuencia las despojan de su contenido transformador y las utilizan solamente en la medida en que pueden traerle beneficios a esos actores. 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