Las chanchas y el Uruguay:

Cotidiano Mujer Nº38
Año 2002


una historia real

Elena Fonseca

 

Primera parte, 16 de abril: desempleo, angustia... desafío  

¿Qué vamos a hacer, Juan Ángel? le dijo Myriam Rodríguez a su esposo, al cambiar la casa de Tarariras contra 10 hectáreas en el campo. Cambiaron una casa “con todo” en la ciudad, por una tapera, una vivienda precaria que tuvieron que remodelar y con un campo donde no había nada. "Realmente el momento fue tremendo, pero bueno había que seguir adelante, ya habíamos tomado la decisión". Juan Ángel había perdido su trabajo en la Conaprole local, Myriam tecleaba en el suyo como contadora y experta en relaciones públicas y había que largarse al agua...como tantos otros en el Uruguay de hoy.

 

Fue una opción de toda la familia, había que buscar una alternativa de vida y también una alternativa de trabajo, “porque nosotros, como quien dice, no teníamos más de qué vivir”. Casi por casualidad, Myriam se encuentra con alguien que le habla de la cría de unos cerdos magros con una genética española muy buscada en nuestro país. Invierten lo que tenían en la compra, y se lanzan a la cría intensiva de esta genética de avanzada, primero haciendo el ciclo completo, desde la crianza artesanal y natural, a campo, hasta la comida. “Pero los tiempos nos fueron mostrando que los números daban en rojo; y así empezamos a ponerles valor agregado, es decir, fuimos inventando cosas, aprendimos a deshuesar, después a rellenar y hoy hacemos todo".

 

Myriam se preparó, hizo cursos de capacitación para dirigir una pequeña empresa como esta y sabe de los límites entre la inversión y el endeudamiento tan temido. “Hoy por hoy tenemos que medirnos en todo y ponernos al tanto con los precios. Tienen valor agregado, porque desde el momento que se deshuesa, ya la mano de obra existe, ahí está la ganancia que uno le puede sacar”.

 

Ganó el primer premio en el II Concurso Latinoamericano de Emprendimientos Económicos Exitosos liderados por Mujeres organizado por REPEM en 2001. El premio consistió en un viaje a Guadalajara, México para asistir a un Encuentro con las ganadoras de otros países de la región. Ella fue la única que trabajaba con animales y eso fue muy llamativo "porque además los cerdos son un rubro masculino y todavía existe mucho machismo allá". Aunque fue una experiencia maravillosa, ver qué hacen mujeres de otros países, dijo.

 

Intereses abrumadores, garantías imposibles, capitales que se esfuman

 

Antes de terminar la entrevista, Myriam explicó cuáles eran, a su juicio, las causas de las dificultades por las que pasaban los pequeños productores rurales: “Nosotros recibimos capitales con intereses muy duros, muy altos, ya no tenemos más rentabilidad. En el rubro nuestro en particular, todo se compra en dólares, y se vende en moneda nacional, por lo tanto jamás nos van a dar los números. Además los intereses son abrumadores, imposible llegar a cubrirlos. Lo que pasa es que los capitales que vienen del exterior, se desvanecen acá en Uruguay, no se sabe adonde llegan y si llegan, llegan a intereses muy altos y la pequeña empresa es la que más sufre”.

 

“Yo no soy ajena a lo que es el Uruguay de hoy, todo es muy problemático, pero a nosotros no nos llegan los préstamos porque no tenemos garantías. O sea el pequeño préstamo, un pequeño capital de giro que podía servirle al pequeño productor, a nosotros no nos llega; vienen los grandes capitales. Cuando estuve en México traje materiales de lo que viven los demás países, pero en Uruguay no tenemos ni siquiera los conocimientos de que esa plata ingresó al país. Por eso es que yo les digo a los productores, no se queden quietos, busquen, porque el dinero en algún lado está”.

 

Esta primera entrevista fue realizada antes del feriado bancario, de los corralitos varios, de la liberalización del dólar y de que el aumento de los casos de depresión preocuparan a las autoridades del Hospital Vilardebó, provocados básicamente por la falta de trabajo y los problemas económicos. La mayor depresión psicológica de la historia del país, para un conocido politólogo.

 

Segunda Parte, 17 de octubre: remate judicial, angustia, solidaridad

 

En setiembre les llegó un Cedulón anunciándoles el remate judicial de las cerdas. Lo curioso fue que lo que se ordenaba rematar, no era la propiedad inmobiliaria, el campo o la casa, sino las chanchas, el instrumento de trabajo.

La verdad que fue un muy mal momento, nos incautaron nuestra fuente de trabajo, los cerdos, para cubrir una cuenta de los honorarios de un profesional, no era un banco ni nada por el estilo. Este señor incautó las cerdas y se las llevó por 45 días para una mejor alimentación según él. Cuando llegaron al remate estaban en un estado crítico, deshi-dratadas, sin agua. Para mí y para mi familia, fue muy fuerte, me valió una enfermedad, era demasiado lo que me estaba pasando, no fue cobrarse una cuenta, sino que fue hacer daño, hacer una maldad, porque cuando se quita una fuente de trabajo de un productor que se sabe que está traba-jando en su campo, se le está sacando su fuente de trabajo”.

 

 

Y llegó el día del remate, y empezaron a caer amigos y no, gente que venía a solidarizarse con ellos; el lugar fue prácticamente invadido por más de 100 personas, que se acercaron a apoyar a los Rodríguez… “Y después pasó algo… muy bueno...hay cosas que con palabras no se pueden expresar, lo que un productor, como nosotros, siente cuando está rodeado de tantos productores, como en el caso nuestro, de tantas familias que fueron a acompañarnos en ese remate, es algo que, como dije, con palabras no se puede expresar”.

 

Lo que pasó fue lo siguiente: en el momento de comenzar el remate, la multitud empezó a cantar el Himno Nacional, luego se hizo silencio y el martillero iba subiendo los precios, pero nadie ofertaba por esas magníficas cerdas que, extrañamente tenían una base muy baja; fue entonces que uno de los presentes levantó su mano hasta que el rematador bajó el martillo. El nuevo dueño de los animales se acercó a la familia Rodriguez y les dijo que quería que volvieran a la Granja Don Juan SRL, de donde nunca deberían haber salido...

 

“El agradecimiento a tanta gente de Tarariras, a los productores de Colonia, que me defendían a mí, a nuestra familia, no estaban defendiendo una persona, nos estábamos defendiendo todos. Esa es la consigna, defendernos todos. La mesa representativa de las gremiales es así. A ese productor y a todos los productores del departamento de Colonia, pero en especial a esa persona... no hay con qué pagarle, creo que con el agradecimiento que estará en el alma y en el corazón de toda la familia”.

 

Fue un gesto que se comentó en todo el país, un gesto solidario... como tantos otros en el Uruguay.

 

“A veces uno piensa, volví a empezar de cero, pero yo creo que no empecé de cero, creo que estoy en el más uno. Porque para mí la capacitación que recibimos es algo que nadie nos puede sacar. Y vamos a seguir trabajando en eso, ahí o en cualquier parte del país, porque es lo que sabemos hacer”.

 

La nueva etapa incluye la unión con cinco productoras más, un grupo de cinco familias, que reciben un subsidio, tercerizando así la producción. “En la campaña se vive, se puede vivir, no nos queremos ir. Quiero decirlo públicamente, creo que soy una privilegiada, por la forma en que me apoyan mi esposo y mis hijos; nosotros tenemos un fin, y es la sobrevivencia de la familia y poder vivir juntos, que esté la familia unida. El hecho de estar felices y tener cómo vivir, ese es el fin".

 

Antes de terminar esta segunda entrevista, Myriam, que ha profundizado en el tema económico sugiere a las autoridades del gobierno que no pidan garantías hipotecarias a las pequeñas empresas porque hoy por hoy ¿Quién tiene una garantía hipotecaria para un banco por 1.000 dólares para insumos, por ejemplo? “Necesitamos capitales de giro que nos den un respiro, un aire, porque estamos ahogados”.

 

¿Quien le responderá a Myriam Rodríguez?