Del verdadero sexo : la respuesta de Michel Foucault

Cotidiano Mujer Nº38
Año 2002

Raquel Capurro
Psicoanalista

 Michel Foucault, presentador de casos

En la aventura de su investigación crítica Michel Foucault prestó particular atención a casos casi invisibles encontrados, como al azar, en libros y archivos. A veces los relató en unos pocos párrafos, otros pocos alcanzaron la dimensión de un libro. ¿Qué despertaba, en unos y otros, su interés? ¿De qué diferentes maneras ? ¿En quiénes se detuvo más y por qué ?

 

Sin duda acordó un lugar relevante a cierto tipo de historias que llamó historias de infames. Son relatos que nutren los expedientes judiciales y que sólo quedaron registrados por la ocurrencia de algún episodio en donde esa vida "se destacó" y "llegó" al legajo personal, a título de una infracción, de un delito, o de una "anormalidad", siendo ésta la única razón de su custodiado lugar en los archivos. ¿Por qué razón exhumarlas pues? Foucault se explica: en ellas se atisba -dice- la puesta en funcionamiento de un dispositivo para obligar a decir lo "ínfimo", lo que no se dice, lo que no merece ninguna gloria y por lo tanto lo «infame». Le interesa desmontar ese dispositivo que, interiorizado, constituiría "la ética inmanente del discurso literario de Occidente". Busca mostrar el artificio de la construcción, sin ocultar el inmenso placer que experimenta al hacerlo, cuando "la emoción, la risa, la sorpresa, un particular escalofrío o algún otro sentimiento que resulta ahora difícil de calibrar" acompañan su descubrimiento de los textos.

 

Sus seminarios hormiguean con esas crónicas cosechadas en horas de biblioteca, que permiten leer hoy, en un par de páginas, el bosquejo de situaciones que agitaron - y a veces aún agitan- la vida social bajo el rubro de problemas legales o médico-legales. Por esta razón el azar de sus hallazgos se sometió también a ciertas reglas que permitían "sintonizar con esas existencias fulgurantes, con esos poemas-vidas". Debían ser personajes que hubiesen realmente existido; sus existencias debían ser oscuras e infortunadas; sus historias debían estar contadas en pocas páginas y éstas debían relatar su infortunio, su rabia o su incierta locura.

 

Historia de la sexualidad

Si bien la exploración de la relación entre medicina y justicia penal con el objetivo de establecer su genealogía ocupa a Foucault durante casi toda la década del setenta, ha de recordarse que ésta se inició con un seminario sobre La voluntad de saber. Ese curso, que aún no ha sido publicado, da título, sin embargo, al libro con el que inicia su Historia de la sexualidad.

 

Cuando ésta se publica en 1976 el rumbo de su investigación parece claro, ya que no vacila en anunciar los siguientes seis volúmenes de esa historia. La sexualidad polariza su atención y busca establecer la genealogía de su discurso mediante el estudio del proyecto social y político, cuya aparición localiza hacia mediados del siglo XVIII. Allí sitúa la época de una creación discursiva que ha funcionado como dispositivo político de normalización social. Ese dispositivo, que hoy está en crisis, es el de un discurso que inventa a la sexualidad moderna en términos de normalidad y anormalidad. La heterosexualidad monogámica, matrimonial y procreativa ha sido el patrón medida de dicha normalidad.

Foucault centraliza su análisis en los factores múltiples que confluyeron en la fabricación de este tipo de "paradigma" y rechaza la simplicidad de una explicación mono-causal, como sería el atribuir ese discurso a los distintos mecanismos de represión que habrían alcanzado su auge, por ejemplo, en la llamada era victoriana. Se trata pues de una problematización novedosa de la sexualidad, más que de un libro de historia.

 

Pero, a pesar del éxito editorial de este libro inaugural que, en una década, venderá, en Francia, unos 100.000 ejemplares, Foucault se descubre dolorosamente imposibilitado para avanzar en los proyectos que ha anunciado. Ninguno de los libros programados llegará a escribirse.

 

Crisis

Distintos biógrafos y amigos concuerdan en decir que, a partir de 1978, M. Foucault "está en crisis". Para Didier Eribon una de las razones del malestar de Foucault en ese momento estaba ligada a cuestiones referidas a la publicación y sus efectos en el público. Esta preocupación, incluso se habría acentuado en los años siguientes, cuando comenzó a distinguir dos tipo de efectos producidos por un libro, los efectos de saber y los efectos de opinión. Pensaba que los meros cambios de opinión sólo reflejan un empobrecimiento del espíritu crítico y que la función de la crítica, propia de la Edad moderna, como lo señaló en un artículo sobre la Luces, no deja de ser una preciosa herencia. En su actualidad la encontraba empobrecida y experimentaba por ello un desajuste respecto a la respuesta que esperaba de sus lectores.

 

Otras geografías abren también en ese momento nuevos asuntos a la consideración del filósofo. La disidencia en los países del Este y luego la revolución iraní, solicitan su reflexión en el plano político. La cuestión de la gobernabilidad toma cuerpo en los seminarios de esos años, mientras que, sobre la sexualidad, se impone un silencioso rodeo. En esa coyuntura, otro acontecimiento importante fue el mutuo alejamiento con quien fuera su maestro, Gilles Deleuze. Foucault se siente, o está, muy solo.

 

Durante el curso de 1977-1978 se hizo notorio para algunos "que Foucault no sabía adónde iba.". Aún perduraban en esa época los ecos de Vigilar y castigar, y por supuesto de La voluntad de saber, pero a ese libro le "sigue un silencio de ocho años que se rompe recién en 1984 con la publicación simultánea de El uso de los placeres y El cuidado de sí, cuyas pruebas de galera corrige pocas semanas antes de su muerte".

 

Una tarea se impone al lector actual: habría que entender, plantea Frédéric Gros, aquello que se encontró transformado entre 1976 y 1984. Conjeturamos un camino posible para despejar esta cuestión: el de seguir detalladamente los pasos del único libro publicado en ese tiempo y que es el de un caso. En efecto, el silencio que señala Gros entre 1978 y 1984 estuvo escandido, por la publicación en dos tiempos, (1978 y 1980) de Herculine Barbin, dite Alexina B.

 

Herculine Barbin, dite Alexina B. Présenté par Michel Foucault

El manuscrito publicado en el siglo XIX, en un texto de medicina, para un público de especialistas, es ofrecido, en 1978, por Foucault, en la edición de Gallimard, a cualquier lector del francés.

 

Decir que se trata de las "Memorias de un hermafrodita francés del siglo XIX" adelanta la problemática en que se vio envuelt@ Herculine Barbin. Sus páginas son el relato de una vida breve pues se suicida a los 28 años: su orfandad, su vida como niña y adolescente, sus amores infantiles y el gran amor de su juventud por la joven Sara; luego, el callejón sin salida en que queda situad@ cuando se produce el juicio de rectificación civil mediante la interpretación de su malformación anatómica como "siendo" la de un varón. A esto sigue un cambio de nombre, y un abrupto cambio de género. Abel, sin trabajo estable intenta sobrevivir durante unos pocos años. Luego pone fin a su vida.

 

¿Cómo presenta Foucault este retorno del caso de Herculine Barbin al público del siglo XX? Subrayemos que lo hace de modo escueto y despojado. No hay comentarios de su puño y letra, sólo ordenamiento del material encontrado. ¿Persistencia en señalar una manera de despojarse de toda intención interpretativa? ¿Indirecta crítica a toda psicologización? ¿Puesta de relieve de los discursos que determinaron los vuelcos de la historia presentada? Algo de cada uno de estos aspectos está en juego.

 

A su radical abstención de comentarios pueden ponerse algunos bemoles si se consideran los temas que en su Curso contextuaron la publicación de Herculine Barbin y en particular el de 1975, titulado "Los anormales". Su interés se focalizó allí en el estudio del poder disciplinario y los saberes adjuntos. Se dedicó a describir los diferentes tratos que sufrían quienes no se ajustaban al proyecto normativizador, los llamados monstruos respecto a los cuales va a ubicar la figura del hermafrodita. El caso de Herculine Barbin parece llegar así como broche de cierre, ejemplarización patética en la singularidad de un caso, de toda esta genealogía de la a-normalidad críticamente reconstruida. Su publicación hace patente el alcance mortífero de la sujeción al sistema establecido. Si así fuera no dejan de sorprender los cambios que aparecen en la edición americana del caso publicado en 1980, en medio de un tiempo aparentemente improductivo. El caso demostró de ese modo que para Foucault no era aún un caso cerrado.

 

Herculine Barbin, being the recently discovered Memoirs of a Nineteenth century French hermaphrodite. Introduced by Michel Foucault

El contraste se impone desde el título de esta traducción que se revela, en la comparación, como una versión modificada del caso. Esta diferencia se expresa en la forma de participación del antes llamado "presentador" a quien -descubrimos al leerlo ahora- no sólo escribiendo una notoria introducción sino también agregando una nouvelle inspirada en el caso, escrita a fines del siglo XIX, por un alienista que renunció a la medicina para dedicarse a la literatura. Oskar Panizza, autor escandaloso de "El concilio de amor" (le valió un año de cárcel), que terminará los últimos catorce años de su vida en un asilo de alienados, es introducido pues para acompañar el texto de las Memorias.

 

¿Qué determinó estos cambios que, al menos, muestran cómo el caso seguía activo para Foucault? Pero, ¿cómo? ¿No habrá quizá una articulación entre estos dos tiempos de publicación y la crisis que, en esos años, atraviesa y resuelve Foucault? ¿Qué parte tuvo en esa resolución ese otro público que ha suscitado cruzando el Atlántico? ¿Pueden leerse indicios de los cambios en su trayectoria en la nueva forma que toma el caso en su versión americana?

El mismo Foucault, cuatro años más tarde (en El uso de los placeres8 ), analiza los componentes de la crisis que acaba de sortear. Critica su proyecto: El proyecto era una historia de la sexualidad como experiencia. -si entendemos por experiencia la correlación, dentro de una cultura, entre campos del saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad. Este trabajo requería, a su juicio, analizar los acontecimientos según los tres grandes ejes constitutivos de dicha experiencia: el eje de los saberes, el de los sistemas de poder y tipos de normativización y el eje de las formas de la subjetividad.

 

Si su investigación sobre la medicina y la justicia ha encontrado elementos para situar los juegos de saber, poder y normativización, Foucault admite que respecto a las formas de la subjetividad se ha quedado corto. Cae en la cuenta que su énfasis se ha desplazado: "No es el poder, sino el sujeto, el tema de mis investigaciones". Su camino se re-ordena a partir de allí. Puede ahora situar su dificultad: concierne al deseo, o mejor dicho a cómo realizar una genealogía del sujeto deseante. Reformula entonces su tarea: (…) analizar las prácticas por las que los individuos se vieron llevados a prestarse atención a ellos mismos, a descubrirse, a reconocerse y a declararse como sujetos de deseo, haciendo jugar entre unos y otros una determinada relación que les permita descubrir en el deseo la verdad de su ser, sea natural o caído.10 

 

Ahora bien, puede sostenerse que ya a principios de los ochenta, Foucault venía encontrando algunas pistas para salir de su atolladero, que luego se precipitan en el texto al que venimos de referirnos. Subrayemos en ese sentido un término clave que aparece en una conferencia de 1982, titulada "El sujeto y el poder".11  Se trata de la "subjetivación" (subjectivation), palabra que él pone en circulación para designar las formas de relación del sujeto con la verdad y que diferencia de la usada hasta entonces para señalar las formas de sujeción a los poderes (assujettissement).

 

Los juegos de verdad

En El uso de los placeres, Foucault señala que ha de estudiar lo que llama -inspirándose en Wittgenstein - "los juegos de verdad" en relación consigo mismo. No le preocupa la distinción de lo verdadero y lo falso sino más bien, se pregunta : ¿A través de qué juegos de verdad se da el hombre a pensar su ser propio cuando se percibe como loco, cuando se contempla como enfermo, cuando se reflexiona como ser vivo, como ser hablante y como ser de trabajo, cuando se juzga y se castiga en calidad de criminal ?12 

 

Foucault nunca dejó de lado las implicancias subjetivas de su labor intelectual. John Rajchman13  ha mostrado finamente el carácter erótico implicado en esa búsqueda de un decir más cercano la verdad. (un dire-vrai)que le hacía transformar las dificultades en pistas de trabajo. Por eso no es un detalle señalar el tenor de las intervenciones públicas ocurridas esos años, también en Estados Unidos, en donde claramente se implica de formas muy precisas y personales en su manera de entender y criticar los discursos sobre la sexualidad. En este sentido, la introducción que escribe para la edición americana de Herculine Barbin inaugura una serie de intervenciones que extraerán su contenido de la misma vertiente y que se sucederán en los años siguientes, hasta su propia muerte. Basta con mirar el índice del último volumen de Dits et écrits.

 

Si el giro resolutivo de su "impasse" encuentra una efectuación que hemos de calificar como existencial, es decir a la vez intelectual y vital, puede conjeturarse que la publicación de la versión americana de Herculine Barbin ocupa allí un discreto lugar de bisagra que puede revelarse sorpresivamente interesante si se lo examina con cierto detenimiento.

 

Lejos de presentarse como una simple traducción ese nuevo libro es una pequeña caja de sorpresas. El análisis de su re-composición permite caer en la cuenta de una operación constructiva en curso.

 

Ya no es la escueta publicación de la documentación del caso sino que ahora - como ya lo señalamos- viene seguida de un «apéndice», la «nouvelle» que el caso inspiró a un alienista y escritor alemán, llamado Oskar Panizza. Su texto, traducido como "Escándalo en el convento" resulta acoplado en esta edición, al manuscrito de Barbin y aporta una osada escritura tragi-cómica, verdadera parodia, que ¿se suma? a la vertiente trágica del caso. Foucault deja su posición de «presentador» casi invisible, y se implica ahora con una introducción en la que abre líneas interpretativas de la conjunción que él mismo produce entre Barbin y Panizza, mediante el dispositivo formal de esta publicación.

 

En noviembre de 1980, la revista "Arcadie" publica, en francés, la nueva introducción a la que Foucault añade ahora un título: "El verdadero sexo". Con ese título concluye la operación a la que se vio invitado por, y con, el caso de Herculine Barbin. Podemos por eso decir que ese título da nombre al caso. Habrá que explicitar de qué modo. La trayectoria de la publicación del caso de Herculine Barbin acompaña a Foucault en un tramo mayor de su recorrido personal. Puede decirse que el punto final con el que cierra su intervención en el caso está íntimamente tramado con cierto punto final en donde, con su propio coming out, inicia otra etapa que se hará visible en las intervenciones de esos años y en las últimas publicaciones y seminarios: la de una cierta calidad de libertad no exenta de sutil humor e ironía.

 

La ironía, de la que hace gala respecto a la cuestión del verdadero sexo, es del mismo paño que la carcajada con la que respondió al periodista que en esos años le preguntaba qué pensaba sobre la homosexualidad.14  De ese modo Foucault nos deja una pregunta :¿Como es posible pasar de una versión del sexo subjetivada como trágica, a una carcajada reveladora de un más allá que la comedia inaugura? ¿Qué juegos de verdad permiten una tal subjetivación?

 

Del verdadero sexo

¿Qué inquietudes despiertan las "anormalidades" que de vez en cuando un cuerpo revela al tiempo en que se desmorona una supuesta evidencia? Si bien los hoy llamados intersexuales se han nucleado y adoptado una voz pública, hasta hace poco tiempo vivían su diferencia en la vergüenza y el silencio. ¿Qué incomoda tanto en un cuerpo mal formado? ¿Acaso la preocupación por los riesgos vitales que las malformaciones internas pueden acarrear? ¿o más bien la norma sigue imponiendo soluciones "universales" y pretendidamente naturales? En esa línea el caso de Herculine Barbin se revela rico en preguntas abortadas que asaltan al lector actual.

 

Podría creerse que tal excepcionalidad anatómica no concierne más que a unos pocos y que el debate debiera situarse en el campo médico. Por ese camino se persistiría - a nuestro parecer - en el error de desconocer la implicancia de la subjetividad en la corporeidad en juego. Se desconsideraría, por ejemplo, el circuito erótico que recorre un cuerpo y lo enlaza a otros en un particular ordenamiento de deseo y goce. Como en forma ejemplar lo descubre Herculine Barbin esta no es sólo una cuestión de anatomía ni de legalidad, ni tampoco puede ser zanjada desde la objetiva intervención del bisturí. Tampoco es asunto al que pueda darse respuesta por fuera de la particularidad de cada caso. Por todo esto entiendo que el psicoanálisis está también concernido.

 

La apuesta es la de encontrar allí, en ese punto mismo de la extrema singularidad, de qué modo ésta abre una interrogación al conjunto de encares sobre la sexualidad, en su diversidad de formas y planteos. Un cuerpo que a veces al nacer, otras en la pubertad, se presenta anómalo en el punto mismo en que se espera ofrezca, por su conformidad anatómica, un respaldo más a la división de los humanos en dos subconjuntos ordenados, hombres y mujeres, ese cuerpo sacude la construcción cultural efectuada sobre ese a priori perceptivo y reclama su reconsideración. Ese cuerpo es una objeción viviente. Varón, mujer ¿o qué?

 

Cuando la forma y/o la imagen no permiten la respuesta ¿qué prescribe o proscribe nuestra sociedad ? ¿qué distintas operaciones se encuentran allí convocadas? ¿Cómo puede producir alguien en esa situación des-regulada, anómala, su «este es mi cuerpo»? ¿Qué grado de asentimiento requiere esa operación del Otro (de los otros)? ¿Por qué se ligó tempranamente la cuestión de los llamados hermafroditas con la de los llamados homosexuales? Estas y otras preguntas que despierta el caso se organizaron para nosotros en el campo mismo desde donde leíamos, el campo freudiano. ¿De qué forma el psicoanálisis acusa recibo de estas experiencias que en su particularidad interrogan al conjunto de sus elucubraciones sobre la sexualidad y sus formas?

 

Del cuadro que interesó a Foucault y a Lacan

Uno de los puntos de encuentro entre Lacan y Foucault estuvo dado sin duda por la insistencia con la que miraron Las Meninas y buscaron captar allí la enseñanza que Velázquez despliega. No sólo comentan cada uno por su lado esta cue-stión sino que Foucault asiste a la sesión del seminario que Lacan le dedica. Quizá por eso sea posible leer las huellas de ese encuentro en el tratamiento final que Foucault da al caso de Herculine Barbin. Digamos que el lector es invitado a pasar de un querer ver más - suscitado por la exposición a la mirada pública de una cuestión titulada «memorias de un hermafrodita» y por la presentación de ese cuerpo mediante los documentos médicos del caso, al atolladero de esa mirada remitida a su propio límite. El velamiento del cuerpo de Herculine, operado en la parodia de Panizza permite a Foucault poner en evidencia los juegos del poder que determinan la «solución» del caso y, por otra parte, remitir al lector a su propia subjetividad- sus sueños- para dar respuesta a ese punto en que verdad y sexo reclaman la participación activa de cada sujeto. Como Velázquez, el investigador invita al lector a encontrar el sesgo adecuado para incluirse en el cuadro. 

1 Este texto adelanta sobre un libro en preparación .
2 M. Foucault, La vida de los hombres infames, (selección de artículos en español ), Ed. Altamira, Bs. As., 1992, p. 200.
3 Ibid., p. 178.
4 M. Foucault, Dits et ecrits, (en adelante DE), Gallimard-Seuil, París, 1994. «Qu’est-ce que Les Lumières ?»
5 James Miller, La pasión de Michel Foucault, op. cit., p. 403 - 404.

6 Fr.Gros, «Situation du cours», in Michel Foucault, L’ herméneutique du sujet,
Gallimard-Seuil, París, 2001.
7 Subtítulo de la versión americana
8 Historia de la sexualidad, II, «El uso de los placeres», ed. Siglo XXI, México, 1986.
9 DE, IV, «Le sujet et le pouvoir» (1982).
10 Ibid.,p. 9.
11 DE, t. IV.
12 Historia de la sexualidad, II, «El uso de los placeres», ed. Siglo XXI, México, p. 10.
13 John Rajchman, Truth and Eros, Foucault, Lacan and the question of ethics, Routledge, Chapman and Hall, 1991.
14 DE, T.IV, «Choix sexuel, acte sexuel».