"Aborté",
testimonio en primera persona
Transcribimos el testimonio de la psicóloga, poeta
y ensayista argentina Liliana Mizrahi, autora de Mujeres
en plena revuelta y La mujer transgresora, entre otros.
Con el título
"Aborté" propone una reflexión
personal sobre el supuesto derecho de los varones a disponer
sobre el cuerpo de las mujeres, por ejemplo penalizando
el aborto . legislando "sobre algo que ellos creen
que las mujeres no podemos ni sabemos controlar".
"Nos tutelan como si fuéramos hijas bobas,
menores de edad, sin capacidad de decidir, sin conciencia,
sin poder elegir y sin poder tener un control infalible
sobre la propia capacidad reproductora. (…) Se trata
de nuestra libertad, de nuestro derecho para decidir nuestras
maternidades... pero todavía los que deciden son
ellos. ¿Qué hacer?
Aborté
Por Liliana Mizrahi "Desconfío
de esa gente que conoce tan bien lo que Dios quiere que
ellos hagan. He notado que coincide con los deseos personales
que tienen." Susan Anthony, sufragista norteamericana,
1873. Lo
hice, hace más de 30 años. Yo era muy joven
y tenía dos hijos pequeñitos. Estaba recién
separada. Ese embarazo no fue buscado, ni esperado ni
deseado. Fue un accidente. Era "algo" que me
había pasado azarosamente y con diafragma. No sé
si en algún momento pensé en tenerlo, era
muy claro que no quería/no podía y no debía.
Llamé
a mi médico ginecólogo que era un "doctor-profesor".
Muy fríamente (acusatoriamente) me dijo que me
iba a sacar del trance. Me dio una dirección por
la calle Junín, cerca de la avenida Santa Fe. Era
una casa muy vieja, con una altísima puerta de
madera. Me abrió una mujer vestida de blanco que,
sin mediar palabra, me llevó a una habitación
donde había un camastro con una frazada marrón
y una camilla ginecológica vieja y una palangana
amarilla en el piso. Después vi una mesa con los
instrumentos para la intervención. No se oía
una sola voz. No me sentía bien. Me acompañó
el amigo que había contribuido al embarazo. Volvió
la mujer de blanco y me indicó que me sacara la
ropa y me pusiera una bata blanca. Me acosté en
la camilla cubierta con un hule blanco y frío.
Con mucho malestar abrí las piernas. Sin golpear
ni pedir permiso, entró un joven que venía
a cobrar los honorarios del doctor-profesor, me dijo que
no podía aceptar mi cheque porque ahora yo estaba
separada. ¡Encima eso! También era sospechosa
de insolvencia. Me sorprendí, no me alcanzaba el
efectivo, le di todo lo que tenía y le prometí
llevarle el resto a su consultorio, a la tarde. Aceptó.
La mujer-enfermera me inyectó algo y me dijo que
iba a dormir, que contara hasta 10. Me desperté
en el camastro, la palangana no estaba y no vi nada, no
había nadie, las paredes eran amarillas. Me quedé
un rato mirando los zócalos. No era cierto que
no había nadie, miré bien y había
varios camastros con mujeres recostadas con rostro de
dolor y malestar. Rostros grises y ojeras opacas. Todas
sangrábamos en un espectáculo de gemidos.
Abortar es espantoso, no hay quien me desmienta. Algunas
mujeres intentaban levantarse. El dolor moral es fuerte.
Finalmente me pude levantar y me vestí. Tenía
las piernas apretadas y sentía dolor en el bajo
vientre. Mal, mal. Salí,
mi amigo estaba sentado en la sala de espera. Le pregunté
si me iba a ayudar a pagar esto porque no me alcanzaba
el efectivo, me dijo: "Es un tema tuyo". "¡Ah!
a vos no te está pasando nada", pensé.
Todo era sórdido. Nunca
vi a mi médico en todo ese tiempo. Me dejó
dicho que vaya a su consultorio, lo hice, le pagué
un par de miles de pesos, y me comunicó que me
había colocado un DIU, algo que recién salía
a la venta, no se sabía mucho porque estaba en
una etapa experimental, era una prueba, me confesó
que él mismo no estaba seguro que fuera lo mejor
para mí. Y me lo cobró como si fuera de
platino. Otra vez no me había consultado, ni siquiera
me había avisado, informado, no me preguntó
nada, hizo lo que quiso. Se sintió con derecho
a decidir sobre mi cuerpo, como si se tratara de algo
que le pertenecía, como si yo no tuviera nada que
ver. Treinta
años después, los varones siguen creyendo
que pueden disponer sobre el cuerpo de las mujeres. Se
sienten con prestigio moral, están convencidos
de que tienen autoridad. Penalizan el aborto porque creen
que pueden legislar sobre algo que ellos creen que las
mujeres no podemos ni sabemos controlar. Y muchas mujeres,
muchas, creen que los varones tienen razón y les
reconocen autoridad y prestigio. Nos tutelan como si fuéramos
hijas bobas, menores de edad, sin capacidad de decidir,
sin conciencia, sin poder elegir y sin poder tener un
control infalible sobre la propia capacidad reproductora.
Es un tema nuestro (como dijo mi amigo). Se trata de nuestra
libertad, de nuestro derecho para decidir nuestras maternidades...
pero todavía los que deciden son ellos. ¿Qué
hacer? Me
fue muy mal con el DIU, hemorragias y hemorragias. Un
día fui al consultorio por ese tema y sin avisarme,
sin anestesia, sin ninguna dilatación me arrancó
el DIU con tanta fuerza y tan inesperadamente que vi estrellas
de colores brillantes y casi me desmayo. Tuve
una alucinación como en luces de neón que
decía: "El retorno de lo reprimido",
S. Freud. Lo recuerdo perfecto. Y ahí comprendí:
a este tipo le volvió el odio. Este tipo odia a
las mujeres, está vestido de "doctor-profesor",
cree que es un patriarca, tiene algunos gestos paternalistas
¿pero quién se cree que es? ¿Dios?
Otra vez no me avisó, no me informó ni me
explicó nada. El decidió que las cosas eran
así. Me castiga porque me separé, porque
me embaracé, ahora me lo saco y no acepta mis cheques.
¿Quién es este señor? Nunca más
volví. Pensé: la que pone el cuerpo soy
yo y mi cuerpo es mío. Cuando llegué a la
calle me tiré casi desmayada en la vereda, estaba
en Pueyrredón y Juncal.
SERVICIO
DE PRENSA DE COTIDIANO MUJER
Aportes a la prensa uruguaya para hacer oír
todas las voces ante el inminente debate parlamentario
que en los proximos días llevaría
a la Cámara de Diputados a aprobar el proyecto
de Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual
y Reproductiva, ya sancionado en la Cámara
de Senadores.
La opinión pública uruguaya también
se ha pronunciado a favor de la despenalización
del aborto: En un referéndum, el
60 % de la ciudadanía votaría a favor
y el 30 % en contra, según datos de encuestas
de Factum (6 a 3 encuestados a favor).Otros países
de la región y del mundo viven hoy debates
similares que vale la pena conocer y difundir.
Como organización y medio de comunicación,
Cotidiano Mujer no pretende tener ni proponer una
visión "objetiva" ni neutral porque
ha sido y será siempre impulsora -junto con
la mayor parte de la sociedad uruguaya- del proyecto
de despenalización. Pero este servicio que
enviaremos periódicamente a los periodistas
uruguayos. no buscará dar opinión
sino información y noticias que no se encuentran
fácilmente en las fuentes tradicionales y
deberían ser parte del universo que la sociedad
uruguaya tiene derecho a conocer en un ejercicio
democrático del periodismo.
CONTACTO: cotidianmujer@gmail.com
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